13 oct. 2017

Viaje de otoño: Salzburgo, ciudad de la música

El otoño marca un cambio en nuestros ritmos y rutinas. El verano nos saca de nuestras casas para acercarnos a la playa, los viajes más o menos exóticos, las agradables noches al aire libre. El otoño nos acerca poco a poco (a veces aún más lentamente, como si el tiempo atmosférico se negara) al invierno y, con él, al interior de nuestras casas, las largas noches, las rutinas laborales y una nueva oportunidad de disfrutar con las lecturas, las músicas o las películas que buscamos, aunque en ocasiones, son ellas las que, de muy distintas formas, nos buscan a nosotros.
También es un momento para recordar, regurgitar en nuestros recuerdos, asentar definitivamente, re-vivir nuestros viajes, imaginarlos de nuevo o fijar cada recuerdo en el rincón de nuestra mente que le corresponde. Hay incluso lugares en los que nunca hemos estado y que son, gracias a experiencias culturales o emocionales, parte de nosotros y a los que sentimos que hemos viajado y que, de alguna manera, pertenecemos a ellos.

En esta propuesta de Viaje de otoño te invito a realizar un paseo entre libros y músicas por Salzburgo, una de esas ciudades fascinantes y relacionadas con el arte sonoro acompañados por textos de Stefan Zweig y la presencia de dos ilustres salzburgueses, Mozart y Karajan.





La importancia capital de Salzburgo proviene de la música y, de forma determinante, por ser el lugar de nacimiento de uno de los más grandes músicos de todos los tiempos. Joannes Christostomos Wlofgang Gottlieb Mozart nació en enero de 1756, séptimo y último hijo de Leopold y Anna Maria Pertl, aunque a su nacimiento sólo sobrevivía una hermana cuatro años mayor conocida como Nannerl.
Wolfgang Amadeus (la traducción al latín del Gottlieb alemán que él mismo utilizaba) Mozart vivió, lo sabemos, con la suerte y el estigma de ser un niño prodigio. 
Leopold, violinista y ayudante del director de la orquesta del príncipe-arzobispo de Salzburgo anotó con orgullo en su diario: "Wolfgang aprendió en media hora este minuetto y trío un día antes de su quinto cumpleaños, a las nueve y media de la tarde del 26 de enero de 1761".
Su asombrosa facilidad para interpretar con muy pocos años instrumentos como el clavicémbalo o el violín le llevó, en primer lugar a la corte vienesa donde dio conciertos para el emperador y su familia. Más tarde, su padre Leopold se embarcó en largas y extenuantes giras por las cortes y lugares más favorables a la música de toda Europa, en los que se codeó con todos sus gobernantes y dignatarios, para sacar provecho del talento interpretativo de sus hijos: Munich, París, Londres, Países Bajos o Milán, entre otros lugares.. 
El siguiente paso, componer, lo dio el joven pocos meses después al escribir dos piezas para clave que su padre añadió al cuaderno de piezas que su hijo interpretaba.
Además de Mozart otro músico muy influyente del siglo XX nació en la ciudad austriaca, Herbert von Karajan, uno de los directores más carismáticos e influyentes de los años centrales del pasado siglo. 

           
Monumento en la casa natal de Karajan


Karajan comenzó a dirigir en la ciudad de Ulm pasando más adelante por la dirección de muchas de las más prestigiosas orquestas filarmónicas del mundo como las de Viena, la del Teatro Alla Scalla de Milán hasta finalizar trabajando e influyendo en todo el mundo musical desde su puesto en la Orquesta Filarmónica de Berlín. En todo el tiempo que pudo colaboró de forma activa en el Festival de Salzburgo, con mayor intensidad en las décadas de los años 50 y 60. Su influencia en la industria musical fue tal, que el apoyo que dio a la tecnología del disco compacto hizo que éste se asentara en nuestra cultura y que, según se cuenta, la duración máxima de cada disco la impuso al insistir que la 9ª sinfonía de Beethoven debía caber en un sólo disco.
De una de sus colaboraciones en el Festival de Salzburgo es el enlace en el que Karajan dirige con la concentración, los ojos entornados y esos movimientos enérgicos tan característicos suyos a la Wiener Philharmoniker en la Obertura y comienzo del Don Giovanni de Mozart. Se trata de una representación de 1987, un par de años antes de su fallecimiento,  con Ferruccio Furlanetto como Leporello, Samuel Ramey como Don Giovanni y Anna Tomowa-Sintow como Donna Anna.



El vídeo comienza con la obertura que, como era habitual en la época, se basa en los temas musicales que aparecerán más tarde, sobre todo en la penúltima escena de la obra protagonizada por la estatua del comendador. A destacar los sonidos que imitan la despreciativa risa con que Don Giovanni trata a cualquiera de los personajes. 
La primera escena es bastante compleja, tanto dramática como musicalmente. Don Giovanni se ha introducido en los aposentos de Doña Ana, mientras su criado Leporello monta guardia maldiciendo su destino de sirviente. Un grito indica que ésta opone resistencia al seductor. Acude su padre el comendador y, tras una breve lucha, don Giovanni lo mata.
Para cada uno de estos cuatro momentos Mozart traza una caracterización musical: El aria de Leporello muestra la rabia contra su suerte y el sueño de llegar a ser un señor. Doña Ana es retratada, en pocas notas, con un carácter altivo. Don Giovanni aparece junto a ésta como asustado por la resistencia que ofrece, mientras tras la muerte del comendador se compadece de su adversario, llegando a ser altivo y duro en las respuestas a su criado.






La personalidad y la obra de Stefan Zweig no tiene en nuestros días el reconocimiento que merece por la importancia de sus escritos y la búsqueda constante de una Europa unida más allá de las nacionalidades, sus advertencias casi proféticas sobre los peligros bélicos que amenazaban al continente y la existencia de una cultura paneuropea como el gran factor aglutinante del continente.
Autor teatral, conferenciante, divulgador de la cultura europea a través de biografías, relatos y novelas, Zweig nació en Viena en 1881 en una acomodada familia de origen judío. Estudió Filosofía y se exilió en Zurich durante la Gran Guerra por sus fuertes convicciones antibelicistas, donde escribió su obra teatral Jeremías, una pieza de inspiración bíblica que atacaba el militarismo imperante.
Amigo de un gran número de intelectuales relacionados con todas las ramas culturales, hubo de exiliarse en diversos momentos de su vida, viendo cómo se destruía en varias ocasiones la civilización que se había formado en Europa. En los años 20 y 30 del siglo pasado se instaló en Salzburgo en los momentos en que esta ciudad en plenos Alpes pasó de ser una pequeña y provinciana ciudad, aún derruida por la I Guerra Mundial, a convertirse en uno de los focos culturales más importantes de toda Europa.
Entre sus obras podemos destacar además de la citada Jeremías, Cartas de una desconocida, Momentos estelares de la humanidad, El mundo de ayer y las biografías de Erasmo de Rotterdam, Magallanes, María Antonietta, Americo Vespuccio, Paul Verlaine, Balzac, Dickens o Dostoievsky entre otros muchos.
Su obra El mundo de ayer. Memorias de un europeo está formada por una serie de retazos autobiográficos en el que va desgranando sus miradas y recuerdos por los lugares y momentos por los que transcurrió su vida desde su Viena natal, la elegida Salzburgo y los exilios en Zurich, Londres, Estados Unidos y el Brasil en el que terminó con su vida.



De esta obra, selecciono y comparto la visión que nos ofrece de Salzburgo en el periodo de entreguerras, con el naciente surgimiento de la ciudad en los comienzos del festival musical que le ha dado nombre en todo el mundo. Un esplendor al que la llegada de la II Guerra Mundial puso fin y que hubo de esperar años para llegar a volver a recuperar la imagen que tiene en la actualidad.


Inmediatamente después, Zweig relata cómo afectó a su propia casa y a su vida el encuentro con tantos personajes que aparecieron por allí para disfrutar de los acontecimientos que se celebraban en Salzburgo. La frase final, escrita en pasado imperfecto, adquiere un tono desgarrador por oposición a la realidad conocida por el autor.


El Salszburger Fetspiele (Festival de Salzburgo) no ha dejado de crecer y aumentar su importancia desde que regresó tras la II Guerra Mundial, afianzándose con la presencia consagrada de personalidades del mundo de la música como el propio Karajan, Claudio Abbado, Riccardo Muti, James Levine o Georg Solti.
Desde 1992 se produce una transición hasta la actualidad con la participación de los grandes intérpretes, escenógrafos y directores que han logrado que la ciudad de Salzburgo esté en la vanguardia de las producciones musicales a nivel mundial. Producciones como La Traviata de 2005 con Anna Netrebko y Rolando Villazón, que ha aparecido en este blog en varias ocasiones, La flauta mágica de 2006 o la producción de Aida del verano de 2017 con la nueva presencia estelar de Anna Netrebko y Riccardo Mutti en el foso han dado la vuelta al mundo en montajes que se han repetido por todos los grandes escenarios.
Para terminar de unir los nombres de Salzburgo y Mozart, te propongo oír una de las arias más conocidas del compositor austriaco perteneciente a su ópera Die Zauberflötte.


El aria Der Holle Rache Kocht (La venganza del infierno) está interpretada por la soprano alemana Diana Damrau en el Festival de Salzburgo de 2006 con la dirección de Riccardo Mutti.


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6 oct. 2017

¿Cómo utilizamos las ideas?

La evolución de los seres humanos a través de la historia viene marcada por la transmisión de las ideas, pensamientos y conocimientos que se han adquirido a lo largo de toda la existencia de la humanidad. Una transmisión que no ha sido lineal, con momentos de mayor avance y otros de retroceso y nos han llevado al momento en el que nos encontramos.
¿Te has llegado a plantear cómo evolucionamos y mejoramos a partir de la transmisión de los conocimientos? 
En muchas ocasiones hemos reconocido situaciones, ideas o imágenes que encajan en nuestra vida, en las necesidades que tenemos en ese preciso momento y las vemos como si hubieran surgido exclusivamente para nosotros. Así, van, vienen, las aceptamos como son o las cambiamos a nuestro gusto e interés y las hacemos nuestras. Y cuando son nuestras nos acompañan por siempre como si lo hubieran sido desde el principio.
A muchos autores les ha ocurrido lo mismo. Ideas propias o de otros que son aprovechadas, novedades en los conceptos artísticos que hacen evolucionar un estilo, ideas que, transformadas, se convierten en nuevas ideas. En esta entrada te propongo comprobar cómo algunas ideas, siempre brillantes, han ido evolucionando entre un autor y otro o bien por el mismo autor, siendo utilizadas en diversas obras. Nos acompañan obras de García Márquez, Hrabal y Häendel.



De El extranjero de Albert Camus tomó una idea Hrabal y escribió una narración, La leyenda de Caín, que publicó más de veinte años más tarde. A esa historia, que se inspiró en un fraticidio, le dio una vuelta para convertirlo en un homicidio contra sí mismo, quedó aparcada mientras contaba hilarantes historias en tabernas y estaciones de trenes checoslovacas sobre su otra gran pasión, los trenes. 
La idea de La leyenda de Caín le sirvió para narrar otra historia, Trenes rigurosamente vigilados, una novelita con el trasfondo de quien atenta contra su vida de forma fallida, lo que le hace ver la vida de otro modo, como un superviviente. Aquí, Bohumil Hrabal se presenta como el gran novelista que es, uniendo sus dos admirados autores: Por un lado Jaroslav Hasek, el irreverente autor de Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, que apareció en este blog en A nadie le han importado los inocentes. Por otro, Kafka y su mundo hermético, con sus inalcanzables castillos, los callejones intrincados, el castigo inexplicable. Estos dos autores, enigmáticos, casi como jeroglíficos sin descifrar, confluyen en Hrabal; el escritor de las tabernas donde los bebedores de cerveza rodeados de humo cuentan delirantes historias, y el escritor del hominismo, concepto que contrapone al de humanismo, para mostrar su interés por el hombre corriente al que ve como un héroe por soportar una vida gris, monótona, rutinaria y despojada del pathos que acompaña a los grandes personajes.



Trenes rigurosamente vigilados es una pequeña novela que se desarrolla durante la II Guerra Mundial en una pequeña estación ferroviaria narrada en primera persona por Milos Hrma, que carga con el peso de un intento de suicidio, con un jefe de estación criador de palomas que lleva siempre posadas sobre su figura y un factor y una telegrafista que protagonizan la idea de esta entrada. La historia fue llevada al cine con el mismo título por Jiri Menzel un año después de la publicación del libro obteniendo el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1967.

¿Conocía Gabriel García Márquez este libro? No lo sabemos o, mejor, no lo sé. Pero es una idea que bien podía conocer, porque hay una variante de la misma que aparece en El amor en los tiempos del cólera con unos datos que parecen indicar que el autor de Cien años de soledad conocía el texto de Hrabal. Evidentemente no hay asomo de plagio, sino creación literaria que puede surgir de una idea, con una elaboración distinta, un dramatismo y formas diferentes, pero donde podemos apreciar una historia diferente que surge de una misma imagen.
En este texto aparecen en él como homenaje o cita. En primer lugar la escritura íntima en lugar de los sellos, en segundo lugar, la mención a las palomas, de palomera alborotada y por último el final trágico, mucho más en el autor colombiano que en el checoslovaco, que concluye la anécdota con una investigación ante las autoridades mientras la telegrafista sueña con protagonizar su historia en el cine.






 
La idea musical que nos acompaña comenzó como una zarabanda, en el que este baile lento con posible origen en las colonias españolas de América, apareció en una de las primeras composiciones de Georg Friedrich Häendel en el cuarto movimiento de su Suite nº 4 para clavecín. Años más tarde aprovechó la música para su ópera Almira.


Una de las versiones de esta zarabanda se popularizó con la película Barry Lindon de Stanley Kubrick.
Häendel tiene fama de ser un ecléctico, un músico que aprovechaba todo lo que oía y supo sacar partido de ello. Aún sin ser un innovador en lo musical, todas las formas musicales que veía que tenían éxito fueron aprovechadas por él para sacar partido de ellas e incorporarlas a su amplio repertorio, en una vida musical donde un compositor necesitaba reinventarse, crear y atraer al público sin los derechos de autor que existen en la actualidad. Si el público pagaba por una serie de representaciones, todo iba bien; si no había público, eran malos tiempos en lo económico.
De esta forma, Häendel no dudaba en dar nueva vida a sus propias melodías para presentarlas en otras composiciones. Así, volvemos a encontrar de nuevo esta música en el aria Lascia la spina de Il trionfo del tempo e del disinganno (El triunfo del tiempo y del desengaño), una obra de la que hemos tratado en este blog en Sí. Coge la rosa, deja la espina. Esta nueva versión mejora la zarabanda inicial de Häendel cargándola de sentimiento y sensibilidad y despojándola del marcado ritmo de la danza original.



La mezzo soprano romana Cecilia Bartoli interpreta con su estilo inconfundible, lleno de pasión y agilidades vocales Lascia la spina en una grabación que se realizó en el Teatro Olímpico de Vicenza en junio de 1998.



Pero no termina aquí la vida que Häendel dio a la idea musical concebida en sus primeros años aún en Alemania y antes de instalarse definitivamente en Inglaterra. La última versión, de una emoción incontenible, pertenece a su Rinaldo, la primera ópera que el compositor de Halle escribió expresamente para los escenarios ingleses y que de aportó un éxito inmediato.



Con libreto de Giacomo Rossi, en el acto II Almirena canta esta desgarradora aria para soprano en la que el recuerdo de la melodía original de zarabanda de la Suite para clavecín o de Almira dan paso a una intensa emoción en una de las arias más logradas del repertorio del músico sajón.


En la interpretación se aprecian las extraordinarias dotes vocales y el conmovedor dominio de la emisión del sonido de uno de los habituales de este blog, el contratenor Philippe Jaroussky en una grabación de 2016 en la gala de los Premios Echo Kassic realizada en Berlín.


¿Cuántas ideas, frases o sentencias hemos hecho nuestros en la vida? ¿Cuántas podremos decir que han servido a nuestros semejantes?

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29 sept. 2017

Septiembre, el otoño relativo

El mes de septiembre marca una frontera en nuestra vida. Conforme avanza el mes va declinando el verano: los días se acortan, los amaneceres y las puestas de sol se aceleran y van dando paso al día y la noche con mayor rapidez; la duración de los mismos se equilibra hasta llegar a ese momento único en que el día y la noche tienen una duración igual; el sofocante calor va remitiendo, haciéndose soportables las noches veraniegas, algo impensable semanas atrás; incluso, cosas del cambio climático, hay veces que la lluvia cumple su función para con la naturaleza.
El tramo final de septiembre hace avanzar aún más si cabe las sensaciones que marcan el final del verano y la llegada precisa, inexorable, definitiva del otoño. Esta estación cambia también nuestro comportamiento y las sensaciones que nos acompañan. Hay a quienes el cambio de estación les acerca a momentos melancólicos que no desean y otros, es mi caso, a quienes la estación nos va emocionando de forma positiva mientras avanza hacia el invierno. Son momentos de días más cortos, de tardes que pueden ser útiles y activas, de recogimiento con lectura, música, películas en que el tiempo puede aprovecharse de otra forma.
Pero no hay verdades absolutas, sino certezas relativas. Si septiembre marca el comienzo del otoño es en nuestro hemisferio norte. Para quienes habitan el hemisferio sur, septiembre es el mes que anuncia el inicio de la primavera.
Te propongo una mirada al inicio del otoño en los últimos días de septiembre en compañía de uno de los más grandes escritores españoles del siglo XIX y una de las últimas canciones de Richard Strauss dedicada al mes de septiembre. Con la relatividad de las estaciones, un pequeño homenaje a la visión de septiembre como inicio de la primavera en el hemisferio sur, con una oda de Pablo Neruda.


Cansado de que no se dedicara a estudiar, sino al dibujo, los libros y las mujeres, su padre lo obligó a regresar para trabajar en el campo con él. Por el camino robó una mula y con ella huyó a Madrid, donde comenzó a frecuentar, con muchos apuros económicos, los ambientes artísticos y bohemios.
Se hizo pasar por pintor italiano para poder entrar en el Museo de las Familias, mientras pronunciaba discursos revolucionarios en el Café Nuevo, siendo perseguido por las fuerzas del orden.
Cuando murió Mariano José de Larra improvisó un poema en su memoria que lo hizo saltar a la fama y comenzó su amistad con Espronceda.
Se casó con Florentina O'rreilly, viuda irlandesa mucho mayor que él, con quien tuvo un hijo que falleció prematuramente, mientras él cambiaba de una amante a otra. De allí marchó a París donde conoció a Alejandro Dumas, Victor Hugo o George Sand
Tras Juan Dándalo, su primera obra teatral, llegó a publicar más de veinte en los cinco años siguientes, llegando a repudiar la más emblemática y representativa de sus obras.
En pleno apogeo de su carrera, aclamado por sus colegas, las instituciones culturales y el público, se produjo el fallecimiento de su padre, con quien nunca se reconcilió, lo que le llenó de angustia.
De vuelta a París y luego Londres, acabó recalando en México, inició una estrecha amistar con el emperador Maximiliano y llegó a dirigir el Teatro Nacional
Tras el fallecimiento de su esposa volvió a España donde volvió a casarse, mientras tuvo conocimiento del fusilamiento del emperador mexicano, en cuya memoria escribió El drama del alma, una diatriba contra Benito Juárez, Napoleón III y el Papa.
Una operación para extraerle un tumor cerebral acabó con la vida de José Zorrilla, el inolvidable autor de Don Juan Tenorio.





Pero no es ninguna de sus obras teatrales la que nos acerca la mirada al final del mes de septiembre con el comienzo del otoño, sino un extracto de uno de los poemas que dedicó a esta estación, Tarde de otoño.




Hace pocas semanas nos acompañaba la música de Richard Strauss con la última de sus obras, el lied que cierra sus Cuatro últimas canciones (Vier Letzte Lieder), En el ocaso (Im Abendrot), en una impecable interpretación de Renee Fleming.
Strauss comenzó a los ochenta y cuatro años la que sentía como última composición con este En el ocaso, un poema de Joseph von Eichendorft. Más tarde utilizó otros tres de Herman Hesse: Primavera (Früling), Septiembre (September) y Al irme a dormir (Beim Schalafengehen), todos con la temática de la muerte cercana y su aceptación serena. No llegó a oírlos ante un público, ya que su estreno tuvo lugar en Londres un año después de su fallecimiento, con la dirección de Wilhelm Furtwängler. El título del ciclo y el orden en que se suelen interpretar tampoco fue escogido por el compositor, sino que lo determinó el editor Ernst Roth.



September refleja el ocaso del verano, su final por el cansancio de los días que se acortan y la llegada suave y lenta del otoño. El tercer párrafo nos acerca a la idea central de los poemas de este ciclo.



La grabación está impecablemente interpretada por una de mis sopranos más admiradas, la neozelandesa Kiri te Kanawa realizada en The Free Trade Hall de Manchester en 1990 con la dirección nada menos que de Georg Solti


Tras el acercamiento a la melancolía del otoño, nos acompaña una mirada al septiembre primaveral del hemisferio sur pensando en los seguidores sudamericanos del blog. Al libro Navegaciones y regreso de 1959 pertenece esta Oda a las alas de septiembre en que Pablo Neruda homenaje a esas alas y tijeras que cortan el cielo, las golondrinas, precursoras de la primavera septembrina.


La música que la acompaña, instrumental, pertenece a uno de los grandes compositores sudamericanos, Astor Piazzolla. Inspirado en Las cuatro estaciones de Vivaldi, el músico argentino compuso Cuatro estaciones porteñas que en principio pensó como piezas sueltas, aunque más tarde las agrupó en una suite.



Sol Gabetta, una de las chelistas más reconocidas de la actualidad interpreta Primavera porteña con un conjunto de ocho violonchelos en una actuación que tuvo lugar en el Solsberg Festival en 2015. 



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22 sept. 2017

El planeta de la inexperiencia

Vivimos en un mundo cada vez más complejo, en constante cambio, donde los avances van por delante del poder de asimilación que tenemos. En el que la moralidad, el discernimiento entre lo plausible y lo execrable, lo correcto y lo inmoral, la virtud y la ética sólo están en la mente de cada uno de nosotros. Así podemos plantearnos unas cuestiones: ¿Afrontamos la vida con la consciencia de lo que hacemos? ¿Nuestra experiencia nos es útil para tomar nuestras decisiones? ¿Podemos alcanzar un mayor grado de madurez con la repetición de la experiencia? ¿La ambición justifica un cambio en nuestra ética?
Te propongo una reflexión sobre la experiencia en el desarrollo de nuestra existencia y las acciones que llevamos a cabo a partir de nuestra visión ética de la vida. Nos acompañan un texto de una de las novelas más conocidas Milan Kundera y un dúo de una ópera de Monteverdi


Cuesta creerlo, pero ya es casi nonagenario. Nacido en Brno, en la antigua Checoslovaquia en 1929, Milan Kundera ha desarrollado toda una vida literaria entre su idioma natal, el checo, y su lengua de adopción, el francés. Desde que se exiliara en este último país en 1975 y varios años después se nacionalizara, Kundera ha pasado de ser un escritor premiado en su país, repudiado más tarde por el régimen comunista que no le dejó publicar, hasta convertirse en uno de los grandes escritores de finales del siglo XX, reconocido con multitud de premios, entre los cuales no está el Nobel, pese a haber sido durante unos años uno de los "eternos candidatos" a tan prestigioso premio.
Debutó como escritor con La broma, una crítica del sistema estalinista, al que siguió La vida está en otra parte, un libro donde cada capítulo está narrado de forma diferente. El libro de la risa y el olvido es una original mezcla que va de la novela a las reflexiones del autor, de la colección de relatos a la narración de la vida de ciudadanos checoslovacos opuestos al régimen comunista. Posiblemente sus obras más conocidas son La insoportable levedad del ser y La ignorancia, la primera de las cuales le otorgó un reconocimiento y una popularidad entre el gran público.



La insoportable levedad del ser es una novela compleja, con tintes filosóficos que quedan en parte desdibujados en una primera lectura y un ejercicio de reflexión sobre la individualidad que impera desde finales del XX.
Narra la historia de Tomás y su relación con Teresa abordando problemas y situaciones fundamentales en sus y nuestras vidas:
El amor, con el monotema de la incansable infidelidad de Tomás.
La vida tomada como una puesta en escena de una obra en la que no hemos ensayado y ni siquiera conocemos el guión ni nuestro papel, en la que igual nos equivocamos que acertamos, pero siempre en la que siempre notamos nuestra inexperiencia. La vida del protagonistas Tomás y quienes le acompañan, Teresa, Sabina o Franz los cuales están pendientes del papel que improvisan, lo que les hace no poder apreciar lo que pudieran compartir, comprender o tomar de los demás. 
La crítica al sistema comunista, y de una manera especial al de Checoslovaquia planea también en toda la obra, desde un artículo crítico con el sistema que hace que Tomás, por no retractarse, vaya de un hospital a centros médicos de menor entidad y categoría laboral, después de haber regresado del exilio. 
La relación entre los conceptos de peso y levedad, una relación que va fluctuando según las circunstancias, cambiando en la mente de los protagonistas por momentos. Una situación como el abandono de Tomás por parte de una cansada Teresa es, en un primer momento "la dulce levedad del ser" para cambiar a compasión y arrepentimiento en unos días, lo que le lleva a regresar con ella desde Zurich a Praga, desde la libertad suiza a la represión comunista. 
El Kundera narrador, el omnisciente guionista, al que es fácil identificar con el protagonista Tomás.
De este libro comparto una reflexión relacionada con la idea que presenta Kundera de que la vida es una constante improvisación en la que no conocemos ni la obra ni el guión con el que actuamos.



Si un compositor hubo de transitar, como si fuera uno de los personajes de la obra de Kundera, planteando su vida como una constante puesta en escena, creando su propio guion de la nada, aunque partiendo de la tradición de los madrigales, ese es el caso de Claudio Monteverdi.
Creador de la primera obra escénica a la que se puede dar el nombre de ópera, Orfeo, Favola in música (que apareció en este blog en la entrada En el principio no existía el nombre, la llamaremos...), Monteverdi es un compositor incansable en la búsqueda y consolidación del lenguaje musical. Además de esta primera ópera estrenada en el Palacio Ducal de Mantua compuso nueve volúmenes de madrigales, varias composiciones sacras y otras óperas que han desaparecido, junto con sus dos últimas El regreso de Ulises (Il ritorno d'Ulisse in patria) y la que traigo en esta ocasión al blog.
La coronación de Popea (L'incoronazione di Popea) se estrenó en el Teatro Santi Giovanni e Paolo de Venecia en 1642, treinta y cinco años después de L'Orfeo, cuando el autor contaba con setenta y cinco años de edad. Con esta edad, Monteverdi sale de los aristocráticos escenarios palaciegos para representar, por primera vez en la historia en un teatro. También es la primera vez que los protagonistas de una obra dejan de ser héroes o dioses míticos para pasar a serlo personajes históricos como el emperador romano Nerón y su esposa Popea. Además, el septuagenario compositor demostró haberse adaptado a los convencionalismos que le requerían los empresarios y adaptar su obra al gusto de este nuevo público procedente de un amplio estrato social. La presencia de dos nodrizas ponía el contrapunto cómico a la historia y la organización de la obra necesitaba una compañía de cantantes extensa, lo que indica la disposición económica que los empresarios ponían al servicio de Monteverdi.



L'Incoronazione di Popea es una obra con prólogo y tres actos con libreto de Giovanni Francesco Bucenello basado en varias obras, principalmente en Los Anales de Tácito. En el prólogo abunda la idea de Kundera que venimos desarrollando de que la vida es un escenario en el que improvisamos una obra de la que no conocemos ni nuestro papel ni el guión. Fortuna y Virtud discuten sobre cuál de ellas tiene el poder sobre el control del espíritu humano. Pero será Amor quien demuestre que tiene el domino total sobre los seres humanos.
El argumento se basa en la subida al trono de Popea tras casarse con el déspota Nerón, a costa del destierro de Octavia, la anterior emperatriz y de la muerte de Séneca. La amoral trama presenta unos personajes irónicos y sarcásticos que buscan la ambición y la pasión en lugar de la fortuna y la virtud.
De esta obra te propongo oír el dúo final entre Nerón y Popea Pur ti miro, pur ti godo (Por tí miro, por tí gozo), uno de los más bellos de toda la historia de la ópera. El papel de Popea suele ser cantado por una soprano o mezzosoprano, mientras que el de Nerón lo pueden hacer voces de mezzosoprano, tenor, contralto o contratenor


Te propongo dos enlaces. El primero en una versión escénica está interpretado por uno de los contratenores más importantes del panorama actual, Philippe Jaroussky como Nerón y Danielle de Niese en el rol de Popea que Les Arts Florissants presentó en el Teatro Real de Madrid en 2010 con la dirección de Pier Luigi Pizzi y William Christie.


La última interpretación pertenece al grupo L'Arpeggiata que dirige Christina Pluhar, quien tañe la tiorba, con la interpretación de nuevo de Philippe Jaroussky y la soprano Nuria Rial. Se trata de una maravillosa interpretación, muy íntima de la agrupación especializada en música antigua con subtítulos en castellano. Los matices, tanto instrumentales como vocales, la complicidad entre cantantes y los personajes que representan, la estructura musical ideada por Monteverdi se dejan ver y oír con toda claridad. Una pieza para disfrutar. 



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16 sept. 2017

Compartir la vida

A Pili, por supuesto

La vida no es fácil. O mejor, la vida no siempre es fácil.
Avanzar con determinación cada día, sortear los obstáculos que se nos presentan, tener claros unos objetivos vitales o, simplemente, saber qué es lo que queremos complican nuestro camino por la vida.
Cada cual según su deseo, muchos nos hemos decidido por la relación de pareja. Crear un vínculo con otra persona, tener un proyecto de vida común, formar en su caso una familia determinan la vida que deseamos llevar. Supone la aceptación implícita de cambios en la vida, renuncias diversas y responsabilidades asumidas. Aún así, no siempre se desarrollan las expectativas que creamos y hay muchas situaciones en que estos proyectos se han truncado por diversos motivos y para algunas personas ha llegado a ser una verdadera fuente de callado sufrimiento.
El amor, la relación a lo largo del tiempo no es modelo que se adecua a los gustos artísticos. No hay apenas literatura, película o cualquier obra de arte que dedique su atención a la construcción de la relación a lo largo del tiempo. Al contrario, la mayoría de obras finaliza con el momento en que se inicia esta relación. Ha sido habitual el final de cuento de "Fueron felices y comieron perdices" o la cantidad de novelas o películas en que la historia finaliza con la boda de los protagonistas. ¿Cuántas historias comienzan con el inicio de la relación de pareja y sigue el desarrollo que la vida en común? La mayoría lo hacen cuando esta relación no funciona, se padecen distintas situaciones que desembocan bien en ruptura o bien en encarrilar la situación a los sentimientos de inicio.
Recientemente Estrella Pisa en su blog de psicología Sinaptando reflexionaba sobre el amor, cómo ha sido tratado en las distintas obras y cómo se puede trabajar en nuestras relaciones en su recomendable artículo Amando y siendo amados
Esta es una entrada muy especial, ya que en estos días Pili y yo cumplimos 25 años de matrimonio, unos años que podemos calificar como felices, de unión y en los que nuestra relación ha ido creciendo y mejorando con el paso del tiempo. A estos momentos está dedicada este post del blog.

En esta entrada te propongo una reflexión sobre el hecho de compartir nuestra vida, tener un proyecto de vida en común con nuestra pareja, sea cual sea el tipo de relación que hayamos establecido. Tener la suerte de que ese planteamiento vital cubra las expectativas de ambos y que el día a día de la relación acreciente los vínculos creados son motivos para estar agradecidos a la vida. Nos acompañan tres textos muy diversos de León Tolstoi y Gabriel García Márquez y una deliciosa pieza de Bellini.

Escultura de Martín Lagares
"Los invitados se reunieron en la casa de campo". A Lev Tolstoi le gustó la forma de entrar en materia de esta frase de Pushkin, sin explicaciones previas, y decidió seguir este modelo. Pensó en una idea que le rondaba la cabeza sobre la institución familiar, planificó y detalló su idea mentalmente y comunicó a uno de sus amigos que en dos semanas tendría escrita su novela Dos familias.
En realidad fueron cinco años lo que tardó en escribir "esa fábula sobre la búsqueda de la felicidad" que finalmente se llamó Anna Karenina. Una larga disquisición sobre la idea de que la felicidad no consiste en la satisfacción de los deseos y que muestra una larga galería de personajes que se mueven entre la duda, la incertidumbre y la decepción, los placeres y las miserias, el aburrimiento y el vértigo. Para Dostoievski fue una "obra de arte perfecta" y Thomas Mann no dudó en calificar Anna Karenina como "la mayor novela social de todos los tiempos".
Pero no traigo Anna Karenina como modelo, sino como antítesis de la idea que presento en esta entrada. No es la búsqueda y el camino recorrido juntos en la vida, sino el caso en que ésta se trunca y se rompe el proyecto común por cualquiera de las causas que puedan ocurrir. La vida es un camino que no siempre se recorre como queremos o deseamos, ni con quienes lo proyectamos.




Frente a la inmensidad y la importancia de Anna Karenina hay una novela de León Tolstoi, pequeña en su concepción y tamaño, de su primera época, de una delicadeza a la altura del escritor. La felicidad conyugal (Semiéinoie schastie) es la historia del amor entre la joven María Alexándrovna (Masha) y Serguéi Mijáilich en la que aparecen complicaciones y retos, en la que entregarse al amor de otra persona es una enorme duda en lugar de ser una seguridad o una certeza. Y aquí plantea Tolstoi la importancia de la situación, en decir sí o no a esa inseguridad que produce el amor. Amar es cambiar la perspectiva, mirar hacia adelante encontrándose con la vida, abrir los ojos a los detalles de cada día, aceptándolos como un regalo y presentarse a sí mismo como un regalo para la otra persona. Y esto implica que no hay una fórmula para amar y ser feliz. A amar se aprende amando y no sirven las recetas de otros. Si quieres hacerlo, abre los ojos y hazlo tú.



Tolstoi plantea la novela desde el punto de vista de Masha, la protagonista femenina, que narra la historia en primera persona presentando sus sentimientos y emociones como la joven que es, doce años menor que su esposo Serguéi. No es una novela de las más logradas de su autor; no trata de forma subversiva el matrimonio; no esconde la pobreza de los campesinos, pero aún no se plantea su liberación; no refleja aún las grandes inquietudes que el gran Tolstoi se planteará años más tarde.
Pero sí plantea una mirada indulgente a la institución del matrimonio, los personajes están presentados con una humanidad y complejidad certeras y el autor logra captar de un modo especialmente profundo la personalidad femenina de Masha










En El amor en los tiempos del cólera el colombiano Gabriel García Márquez se adentra en la naturaleza del amor y sus matices, además de tratar temas universales como la muerte, la vejez e incluso la fidelidad. Pero quizás la idea en la que más profundiza García Márquez es en la relación que se crea entre el amor y el tiempo: cómo el primero puede trascender al segundo, que el tiempo puede igual acercar el amor que alejarlo; que el amor sólo puede darse si el tiempo lo permite, o que el exceso de tiempo puede romper el amor e incluso el miedo a que llegue, y que la falta de tiempo puede precipitarlo.



En este relato abundante, detallado, exuberante, con el barroquismo literario que imprime a sus obras, repleto de sabiduría tanto literaria como vital, García Márquez traza un retrato del amor otoñal de Florentino Ariza y Fermina Daza que abarca un periodo de más de cincuenta años en el que la persistencia del primero le hace conseguir su objetivo.
En la parte final del libro, realizan un viaje en barco por el río cuando se declara una epidemia de cólera. En esta última escena el capitán del navío, desesperado ante el aislamiento provocado por la cuarentena, plantea la situación a los protagonistas.




De todas las óperas de Vicenzo Bellini hay tres que destacan sobre las demás: La sonámbula, Norma e I Puritani. De las dos últimas hemos tratado en este blog en diversas ocasiones trayendo algunos de los momentos más destacados del periodo belcantista dentro de la ópera italiana del XIX.
Vincenzo Bellini nació en Catania en 1801 y falleció en los alrededores de París en 1835, dejando truncada una brillante carrera. Educado en el Conservatorio de Nápoles, vino a ocupar el lugar que Rossini dejó en Italia al instalarse en París. Su primer gran éxito, Blanca y Fernando, se estrenó en el Teatro San Carlo de Nápoles en unos momentos en que el público comenzaba a cansarse de las reposiciones de las obras de Rossini y deseaba obras nuevas.
Bellini poseía una buena cultura musical mezcla de la cultura operística de Nápoles y su formación en la música sinfónica de Haydn y Mozart. Sin embargo, no tenía facilidad para la composición: escribía sin prisas, rehacía y modificaba lo compuesto, se tomaba tiempos de descanso, lo que marcaba una diferencia entre otros compositores como Rossini, Donizetti o Verdi, quienes producían obras con gran celeridad. En sus diez óperas reutilizó con frecuencia temas de las menos exitosas.
La colaboración con Felice Romani, su libretista habitual, les acercó a temas menos grandiosos que los de Rossini, centrándose más en el aspecto romántico de las obras: Heroínas apasionadas con un amor desdichado, odios y rivalidades familiares, el momento histórico en que se desarrolla. Todo confluye a llevar a los protagonistas a situaciones que hacen que su amor y su pasión sean infortunados.
Pero la música de Bellini, con su dominio de la melodía, su desbordada pasión romántica, la exquisita sensibilidad a la hora de componer, hace que estas óperas sean memorables. Los protagonistas, los grandes tenores y sopranos de la época, eran los auténticos dueños del escenario con algunas licencias para adornar el canto con sus voces extraordinarias y el poder de exigir la creación a los compositores de escenas de virtuosismos inalcanzables que enardecían al público.
Dentro de este momento álgido del belcantismo, La Sonnambula (La Sonámbula) es una adorable ópera semiseria ambientada en una aldea suiza de cuento, entre fiestas de campesinos, las murmuraciones de sus habitantes y que a punto está de rozar la tragedia antes del final feliz.
Aquí Bellini y Romani invierten los términos: No es una obra en la que al final hay boda y el consabido "fueron felices y comieron perdices". En La Sonnambula el inicio es la ceremonia matrimonial entre Amina y Elvino. Luego la situación se complica con la aparición de Rodolfo, señor del pueblo e hijo del fallecido Conde que regresa de incógnito a sus posesiones y corteja a Amina. La situación dramática se resuelve en la gran escena de lucimiento de la soprano, ya que la supuesta infidelidad de esta se debe a su sonambulismo, que la hace aparecer en los aposentos de Rodolfo. En lugar de las escenas de locura, tan del gusto de la época, como en Lucia di Lammermoor o I Puritani es una escena con una sonámbula la que marca el clímax de esta ópera.
Pero no es esta escena la que te traigo a esta entrada, sino la segunda parte de la escena primera, el aria para tenor Prendi, l'anel ti dono (Toma, te doy mi anillo). Es una aria para un tenor ligero, en origen para cantarla en falsete, cargada de adornos y notas agudas. Pero la dificultad no se encuentra en la parte técnica, sino en el gusto y la sensibilidad que hay que poner en juego para cantarla y en este sentido no hay en este momento ningún cantante que se acerque al tenor peruano Juan Diego Flórez, un cantante que se mueve con una tremenda facilidad en el registro agudo, con una sensibilidad y una elegancia exquisitas. Se trata de una pieza que comienza en forma de aria y termina en un dúo de una belleza serena y elegante. 
Es la música que sirve de carátula de inicio al programa de Radio Clásica de Radio Nacional Ars Canendi (El arte de cantar) que presenta y dirige de forma singular Arturo Reverter, un maestro en el análisis de la interpretación musical.



El vídeo está interpretado por Juan Diego Flórez con el acompañamiento de Patrizia Cioffi en una producción de la Wiener Staatsoper de la capital austriaca y la Royal Opera House del Covent Garden de Londres con la Orquesta Sinfónica y el Coro del Gran Teatre del Liceu de Barcelona dirigidos por Daniel Oren.


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