10 dic. 2017

#ViajedeOtoño Roma eterna en 3D

Quien hace el primer viaje a Roma no ve nada, en el segundo la conoce y en el tercero se la lleva en el alma.
P. J. Harrebomeé

Viajar es un forma de abrir nuestras mentes, descubrir lo que no está en nuestro día a día, conocer otras formas de vida distintas de las nuestras. Si las primeras veces que viajamos apenas si utilizamos el verbo comparar, con el tiempo y la práctica vamos acercándonos hacia verbos como asimilar, entender o aprehender enriqueciendo nuestra vida con la complejidad de la comprensión y las múltiples respuestas ante la diversidad de la condición humana, aceptando y acogiendo la mirada del otro.
En este blog, en la sección #ViajedeOtoño, propongo una reflexión desde la distancia de viajes reales, algunos reales, otros imaginados con el acompañamiento de libros y música. Proponer desde la intimidad del hogar, buscar una reflexión sobre el concepto de viaje, de aventura, en la que el viajero se sumerge en otra forma de vida, costumbres o circunstancias para conocer qué circunstancias y condicionantes llevaron al lugar, a sus habitantes, a ser lo que son.
En las ciudades, los países, las civilizaciones se cruzan y se ven no sólo lo que son, sino lo que fueron, lo que desapareció y lo que ha posibilitado que lo que ahora sea como es.
En esta última entrega del #ViajedeOtoño de esta temporada, las reglas han cambiado. No escribo desde la distancia en el recuerdo, con los posos que la experiencia o los recuerdos o la lectura o la música han dejado. En esta entrega escribo con el intenso cruce de emociones, el asombro del encuentro, la sorpresa de lo que se esconde al doblar una esquina, la sensación del viaje en el tiempo, en un continuo ir y venir por los años y los siglos, la sensación y la emoción de relacionar lo que ya se conoce con lo que se aprecia con los sentidos.
Roma no es en sentido literal la Ciudad Eterna, porque no se puede ver su Coliseo, sino las ruinas de lo que fue el Coliseo; ni su Foro, ni los edificios que le daban vida, sino los huesos de lo que fueron sus columnas o sus muros. El paso del tiempo transcurre para los monumentos, los cuadros o las iglesias como con todo lo que vive en la naturaleza con su desgaste y decadencia.
Pero la naturaleza, la descomposición, la ruina no pueden con la idea de Roma. Si los edificios del Imperio Romano cayeron fue por los mismos que destruían para construir sobre los restos, como más tarde cayó el Imperio, como antes se hacía, sin ese concepto de la historia que tenemos ahora. Y cuanto nos queda de esa civilización o de otras hace que podamos afirmar que esta ciudad, como otras en menor medida, es eterna.
En esta entrega del #ViajedeOtoño te propongo un viaje a la Roma eterna en 3D, que nos acerca a su presente y su pasado en tres dimensiones culturales: libros, música y cine, con el acompañamiento de grandes autores y protagonistas de cada una de estas artes. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!




Poeta, escritor e historiador de la cultura de la antigüedad clásica, Robert Graves se hizo popular por una obra que publicó en los años treinta del pasado siglo y fue llevada a la televisión casi cincuenta años después.
Comenzó su carrera literaria con un libro de poemas Over the brazier. Alistado en la I Guerra Mundial, el horror que encontró le influyó de forma determinante el resto de su vida. Su obra se decanta entre los libros de poemas, algunas biografías y obras sobre temas relacionados la cultura como La diosa blanca, Los mitos hebreos o Los mitos griegos.
De entre sus novelas destacan la biografía novelada sobre el emperador romano que publicó en dos tomos: Yo, Claudio y Claudio, el dios y su esposa Mesalina
La primera pincelada sobre Roma nos acerca al comienzo del relato que Graves narra como una supuesta autobiografía que el emperador esconde con el augurio de que será encontrada a comienzos del siglo XX.


Llevada a la televisión en la década de los '80 del pasado siglo por la BBC, Yo, Claudio supuso un aumento del interés por la época de los emperadores romanos desde Octavio Augusto hasta llegar a Claudio y su sucesor Nerón. El guión basado en la novela de Graves, la espléndida puesta en escena, aunque con el handicap de ser rodada completamente en estudios, sin exteriores, junto con una exquisita interpretación del equipo de actores, hizo que la serie fuera un éxito internacional.
El enlace pertenece al comienzo de la serie que se puede seguir completa en la red.


Georg Friedrich Händel volvió su mirada a la antigüedad clásica para muchas de sus producciones musicales en forma de óperas y de oratorios, estilos ambos que llevó a cabo con éxito entre el público. De entre ellas, la segunda mirada nos acerca a su ópera Julio César (Giulio Cesare in Egitto), una obra que, como su nombre indica transcurre en el país del Nilo, aunque con personajes emblemáticos de la historia de Roma.

Primer acto de Giulio Cesare in Egitto.
Tras la victoria sobre Pompeyo que ha huido a Egipto, Ptolomeo, hermano de Cleopatra entrega su cabeza a César para darle la bienvenida a su país. Éste no da muestras de agradecimiento, por lo que Ptolomeo convence a Aquiles para que asesine al emperador romano en una fiesta que da en su honor. El atentado falla y Cornelia y Sexto, viuda e hijo de Pompeyo, entran en el palacio para matarlo por su cuenta, siendo detenidos a causa de una venganza. Sexto es llevado a las mazmorras y su madre llevada al harén de Ptolomeo. En este momento se produce uno de los más bellos dúos que nos ofrece la historia de la ópera Son nata a lagrimar (He nacido para llorar) interpretado entre Cornelia (contralto) y su hijo Sexto (soprano o contratenor).
Se trata de un dúo sencillo, con pocas palabras, en forma de Aria de capo, con una estructura A-B-A, tres partes bien diferenciadas en la que la primera se repite al final.
La contralto Nathalie Stutzmann dirige y canta junto al contratenor Philippe Jaroussky, un habitual de este blog Son nata a lagrimar (en el texto de Cornelia) y Son nato a sospirar (en la letra de Sexto). El lamento de la madre se mezcla con el del hijo en uno de los dúos más bellos de la historia de la ópera. Para disfrutar en total silencio, sin ninguna distracción que nos aleje de la música de Händel.


La tercera mirada romana nos acerca a uno de los momentos cumbres en que confluyen la historia de la iglesia y la del arte en pleno Renacimiento.
Pensando el Papa Julio II en la construcción de su tumba, buscó al más grande de los escultores de la época confiando el encargo a Michelangelo Buonarroti. Éste diseñó un mausoleo para el pontífice y marchó a Carrara para seleccionar el mármol, mientras Bramante, el arquitecto que diseñó la basílica de San Pedro del Vaticano, convencía a Julio II de la imprudencia de construir una tumba para alguien que está aún vivo. El Papa renuncia a su construcción y decide emplear el talento de Michelangelo en finalizar la decoración de la Capilla Sixtina.



Esta capilla fue encargada por Sixto IV y un grupo de pintores de finales del Quatroccento se encargó de su decoración, con Sandro Boticelli, Perugino o Lucca Signorelli entre otros. Sólo quedaba la bóveda que, a la sazón imitaba un cielo azul con estrellas doradas. Ofendido por el encargo, Michelangelo huyó a Florencia y fueron necesarios varios años para el acuerdo entre el Pontífice y el artista para comenzar a trabajar en tan monumental obra.
La tormentosa relación entre el escultor renacentista y Julio II fue llevada al cine como The Agony and the Ecstasy en 1965 y titulada en nuestro país El tormento y el éxtasis con Charlton Heston en el papel del gran Buonarroti y Red Harrison en el rol de Julio II y la dirección de Carol Reed. Un película recomendable de la que enlazo la escena en que Michelangelo se enfrenta al estrellado techo azul al que debe ilustrar.


Moverse por Roma supone un constante salto hacia adelante y atrás en el tiempo. A la vuelta de una esquina o tras un edificio el sorprendido viajero puede dar un salto en el tiempo hasta no sabe qué momento de la historia.

Uno de los escritores que mejor supieron admirar y asimilar la belleza de la Italia que recorrió fue Stendhal. La sensibilidad con que apreciaba cuanto veía, el sentido de la belleza que poseía dio origen a lo que conocemos como el Síndrome de Stendhal, esa sensación de vacío y vértigo que se produce cuando la mente queda sobrecogida al no poder asimilar cuanta belleza atesoran los monumentos, esculturas o pinturas que se contemplan.
De Stendhal es el texto que nos presenta la siguiente mirada a la ciudad de Roma, una reflexión que enlaza la mirada anterior con época que nos acompañará más adelante perteneciente a su libro Paseos por Roma




El Séptimo Arte nos ha dejado también miradas a la Roma del pasado más cercano, casi del presente. Evitando menciones de películas de pseudo aventuras crípticas que tienen su espacio en otros blogs, no podemos dejar de recordar algunas de directores italianos que reflejaron la vida de la capital italiana en las décadas centrales del pasado siglo como la neorrealista El ladrón de bicicletas de Vittorio de Sica, la turística y deliciosa Vacaciones en Roma con Audrey Hepburn y Gregory Peck o toda una obra maestra como La dolce vita de Federico Fellini.



La ultima mirada que nos acerca a Roma es una historia de ficción que ha entrado a formar parte de la historia. 
Cuando Giacomo Puccini vio el drama Tosca de Victorian Sardou, no cesó hasta que consiguió llevarla al escenario como una ópera. Perteneciente al estilo verista, la historia de Tosca transcurre el 14 de junio de 1800 en tres escenarios concretos: El primer acto en la iglesia de Sant'Andrea della Valle, el segundo en el Palacio Farnesio y el tercero en el Castillo Sant'Angelo. Tal realismo ha dado lugar al tópico difundido entre aficionados y algunas guías turísticas de que Tosca existió en realidad y se suicidó arrojándose desde esta fortaleza.


El enlace con que termina este #ViajedeOtoño por Roma muestra a Plácido Domingo en el rol de Mario Cavaradossi cantando en el mismo Castillo Sant'Angelo, con el Vaticano al fondo el aria E lucevan le stelle, el dramático canto de despedida a la vida que entona el protagonista masculino de Tosca ante su inminente ejecución. Se trata de una versión dirigida en 1992 por Zubin Mehta.


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3 dic. 2017

Mozart y Jorge Manrique: Requiem y coplas

Todos tenemos marcados momentos de ausencias definitivas en nuestra vida. Familiares íntimamente cercanos -quizás primero abuelos, más adelante padres-, algún otro muy cercano a nosotros, amigos, parejas que han sido verdaderos compañeros de vida.
El dolor de la ausencia nos lleva a un duelo interior que debemos superar para seguir nuestro camino, aunque hay ocasiones en que esta ausencia marca definitivamente y no deja continuar.
La forma en que pasamos este duelo ha cambiado con el paso del tiempo, así como el concepto de la vida. Desde la edad media, por ejemplo, en que la vida era un "valle de lágrimas", hasta nuestros días en que todo se oculta como si haciendo desaparecer la ausencia, se llenase nuestro vacío.
En 1991 se conmemoraron los doscientos años del fallecimiento de Mozart con una interpretación de su Requiem en la catedral de Viena. Después de mucho tiempo disfrutando de su música, ese día me hice definitiva e irremisiblemente mozartiano. Fue para mí una afortunada celebración luctuosa. Desde entonces, nunca he faltado a la cita con el Requiem ese día. Sólo una vez falté. Quiso la vida, la casualidad que, después de varios años luchando contra su memoria, perdiéndose en los vericuetos de sus recuerdos, mi padre falleciera tal día como ese. El Requiem adquirió desde entonces otro significado más profundo, doloroso e intenso.
Te propongo un recorrido por dos obras dedicadas al dolor que produce la muerte como reflexión de los límites de la vida. Son dos obras históricamente reconocidas en sus artes: Las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique y el Requiem de Mozart. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Hans Holbein el joven. Danzas de la muerte
El fallecimiento de don Rodrigo Manrique en 1476 llevó a su hijo Jorge a componer una de las obras capitales del medievo español, Las coplas a la muerte de su padre. Se trata de una elegía funeraria, un tipo de obra en la que la muerte recibe el sentido que la sociedad medieval le otorgaba.
Está compuesta por 40 coplas en que se alternan dos versos octosílabos y uno tetrasílabo en dos estrofas de 6 versos con rima A-B-C, formando las Coplas manriqueñas o de pie quebrado.
Manrique trata en su poema temas como el paso del tiempo; la vida como metáfora de camino, de río; la vanidad que tenemos sobre las cosas; los tipos de vida -la terrenal, la de la fama o la eterna- o la muerte que iguala a todos sean de la condición que sean.
El comienzo del poema, uno de los más conocidos por quienes lo hemos visto, leído y trabajado, e incluso aprendido, en la época de estudiantes, nos sitúa de entrada en el tema principal.



El 5 de diciembre de 1991 se cumplieron 200 años del fallecimiento de Wolfgang Amadeus Mozart, uno de los compositores e intérpretes más grandes de la historia de la música. La ciudad de Viena organizó, con todos los fastos, la efemérides y se interpretó para tan especial ocasión su Requiem, una obra que el compositor dejó inconclusa.
Mucho se ha hablado del Requiem de Mozart: su misterioso encargo, la composición mientras el autor agonizaba, su fallecimiento, el trabajo para concluirla que hizo uno de sus discípulos, Süsmayr y el estreno, dos años más tarde a cargo del conde Walsegg.
Niemetschek, uno de los primeros biógrafos de Mozart y el primero que trata de la composición del Requiem fue también quien comenzó a fabricar el mito: "El día de su muerte, Mozart pidió que le acercaran las partituras a la cama. "¿No predije que estaba escribiendo este réquiem para mí?", dijo, y volvió a repasar la partitura con ojos lacrimosos. Fue la última y dolorosa mirada de despedida a su música, a su amado arte... ¡una premonición de su inmortalidad!". Aunque Mozart no finalizó la obra, había planteado la obra y la instrumentación y su discípulo Süsmayr la finalizó en un intento de que su aportación no se notara, añadiendo detalles de la instrumentación y la intervención de los solistas según el esquema mozartiano.



El siguiente enlace presenta una reconstrucción de la leyenda de la composición del Requiem de Mozart con el siguiente título: The (true) Story of the Mozart's Requiem, La (verdadera) historia del Requiem de Mozart. True está entre paréntesis, como advertencia de que, en realidad no se dice de forma escrita que es cierta. Como toda leyenda, es apetecible que así sea. El texto, aunque fácil de seguir, está en inglés.



Las Coplas a la muerte de su padre están divididas en tres partes. En la primera, Manrique reflexiona sobre la fugacidad de la vida y la muerte en unos versos cargados de metáforas. De todas ellas, la más conocida es la que recoge en el poema III (Nuestra vida son los ríos que van a dar a la mar...). En esta primera parte también refleja el autor el pensamiento cristiano y la idea de sacrificio, junto con la idea de que la muerte iguala a ricos y pobres. 



La popularidad de estos versos comenzó apenas se publicaron y tuvieron una gran difusión e influencia durante el Siglo de Oro de nuestras letras, llegando incluso a la pasada centuria, en la que llegaron a realizarse adaptaciones y grabaciones con músicos como Paco Ibáñez.
El enlace pertenece a un recital que el cantautor dio en Íllora (Granada) en agosto de 2008


Mozart hace que el Requiem comience con un tiempo de adagio, lento y solemne. A la cuerda se unen fagots y clarinetes que realizan una fuga a cuatro voces, llevando la melodía de unos a otros. Tras unos acordes de trombones se da paso al coro que canta, mezclando las voces en distintos contrapuntos hasta la entrada de la soprano solista que lo hace con el acompañamiento de la cuerda. Vuelve el coro y la música, que comenzó sosegadamente, va ganando en volumen y rapidez hasta casi desaparecer y dar paso al Kyrie, con su letra Kyrie eleison, Christe eleison, Kyrie eleison (Señor ten piedad, Cristo ten piedad, Señor ten piedad).



El enlace pertenece la histórica interpretación del Requiem ese histórico 5 de diciembre de 1991 en la catedral de Viena con motivo de la celebración del 200 aniversario del fallecimiento del compositor, bajo la dirección de Sir Georg Solti y muestra el comienzo del Requiem y el Kyrie.



En la segunda parte de Las coplas a la muerte de su padre, Jorge Manrique trata de la vida eterna, mencionando difuntos conocidos y personajes históricos y planteándose el tópico Ubi sunt (¿Dónde están?) interpelando directamente a la muerte.



La última parte es la elegía funeraria sobre su padre propiamente dicha, ya que las anteriores tienen un carácter más general. Manrique exalta las virtudes y gestas de su padre, lo compara con prohombres como César y acude a su noble comportamiento para justificar el merecimiento de la vida eterna. 



En las últimas estrofas cede la palabra a la muerte para que alabe a don Rodrigo, exhortándolo a que abandone la vida para entrar en la eternidad. Finalmente, éste responde a la muerte y acepta con estas palabras.








Según parece, la historia de la composición del Requiem es más prosaica. Poco después del fallecimiento del compositor algunos entendidos estaban al corriente del mecenas que en agosto de ese año había encargado la composición, aunque aún faltaban meses para que su anonimato fuese desenmascarado para el público. Se trataba del conde Walsegg, compañero masón de Mozart, quien había comenzado a tener una abundante obra musical al encargar a diversos compositores, siempre en secreto, obras que copiaba e interpretaba como suyas propias en conciertos privados. Este encargo fue el más atrevido de todos, ya que deseaba "componer" una misa de Réquiem a su recientemente fallecida esposa.
Tras la finalización de la obra por Süsmayr, se estrenaron algunas piezas en enero de 1793 a beneficio de la viuda de Mozart y en diciembre de ese mismo año, el Requiem completo en un concierto que dio en su palacio el conde Walsegg a la memoria de su esposa. 
El siguiente enlace muestra una de las piezas más conocidas de la obra, Dies Irae. Se trata de una composición dramática en la que el coro refleja la ira de Dios, mientras suenan las trompetas, reflejando Mozart la grandeza del creador ante la angustia de los mortales que se enfatiza con las cuerdas, trombones y el timbal. Tras un pequeño descanso vocal a cargo de los violines se vuelve a la atmósfera inicial reexponiéndose el tema.




La interpretación corresponde a un concierto en directo celebrado en la Concertebouw de Amsterdam bajo la dirección de Pieter Janleusink.



En otra ocasión se dedicó otra entrada a esta obra con más detalles de la composición y los últimos días de Mozart en Un réquiem para Mozart

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24 nov. 2017

Pasión y seducción con Neruda y Mozart

Seducción, pasión y amor no siempre van juntos. En nuestras vidas puede llegar a haber momentos en que se reúnen, pero en muchas ocasiones transitan por distintos lugares. 
De la misma manera, en la literatura y la música podemos encontrar situaciones que reflejan los tipos de relaciones que se dan en nuestras vidas. En ocasiones, la seducción y la pasión están marcadas por el amor y desembocan en historias personales que magnifican, idealizan o muestran lo más sublime o lo más ruin de las relaciones personales. En otros casos, la seducción y la pasión no buscan ese sentido del amor, sino que se mueven con fines más concretos como la conquista inmediata. El arquetipo es la figura de Don Juan o del seductor Casanova.
En esta entrada te propongo disfrutar el placer de dar un paseo por la pasión y la seducción desde la perspectiva de dos grandes genios en su especialidad: La entrega apasionada, incondicional y seductora de la poesía de Pablo Neruda en Los versos del Capitán y la pasión seductora, amoral y desprovista de amor del Don Giovanni de Mozart. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere". 


El libro Los versos del capitán se publicó en 1952 en una edición del pintor italiano Paolo Ricci de 44 ejemplares. El prólogo consistía en una carta firmada en La Habana por Rosalía de la Cerda en la que explicaba que enviaba al editor unos poemas que le había escrito un excombatiente del bando republicano en la Guerra Civil Española. Ella había realizado una gira como artista en la frontera con Francia y habían vivido una intensa historia de amor de la que surgieron los poemas.


No fue hasta años más tarde cuando Pablo Neruda añadió una Explicación a este prólogo en el que desveló el supuesto anonimato y su autoría. En el siguiente enlace se puede seguir la gestación del libro en el blog Algún día en alguna parte, publicado por un enigmático Alguien.







Dividido en siete partes tituladas El amor, El deseo, Las furias, Las vidas, Oda y germinaciones, Epitalamio y La carta en el camino, el poema que comparto pertenece a la primera de ellas, El amor.







En 1787 propusieron a Haydn que compusiera una ópera bufa para estrenar en Praga. Rehusó la invitación, pero llamó la atención sobre las "grandes, inimitables obras de Mozart, tan intensas y de un entendimiento musical tan grande". Y añadió: "Si los hombres influyentes reconocieran su valía, los países rivalizarían para poseer tan valiosa joya dentro de sus fronteras"
Mozart y su libretista Da Ponte buscaron un tema literario interesante para una ópera a estrenar en Praga, como hicieron en Las bodas de Fígaro, según una obra teatral de Beaumarchais. Se fijaron en la figura del libertino irresistible y desalmado que al final es castigado y del que existían versiones desde al menos dos siglos antes, Don Juan. El reto fue grande y trataron cuestiones escabrosas como la violación, la blasfemia o el asesinato con el final de la condenación eterna. En Don Giovanni aparecen la insaciabilidad y los caprichos del erotismo que llegan a la agresión y la muerte, la amoralidad de un personaje falso y desafiante y la triste y patética lealtad de una amante, Doña Elvira, que cae en brazos de un mujeriego indigno de ella, asesino de su padre.
Beethoven admiraba a Mozart por sus obras, entre ellas Don Giovanni, pero se estremecía al pensar que se pudiera escribir una ópera, un dramma giocoso en el que se mezcla lo serio con lo bufo, sobe un tema tan ruin y obsceno como el de esta obra. El último día de vida de un degenerado y licencioso aristócrata no debía tener en su planteamiento ningún elemento cómico, pese a que Mozart sólo introduce al criado Leporello, un personaje vulgar, que interpreta, como ejemplo el Aria del catálogo que puedes recordar en el enlace Madamina el catalogo è questo.



Tras el estreno de Il disoluto punito, ossia il Don Giovanni (El disoluto castigado o Don Giovanni) el periódico local Prager Oberpostamtzeitung publicó: "Los entendidos y los músicos coinciden en afirmar que en Praga no se ha interpretado nunca nada semejante. La aparición del señor Mozart, que dirigió personalmente la orquesta, fue saludada con un triple: ¡Viva!" 
El tema principal en todas las óperas de Mozart es el amor, que en Don Giovanni aparece de manera extraña, ya que no se culmina; no hay parejas de enamorados en el sentido habitual. Doña Ana y Don Octavio sólo cantan un dúo en el que ella promete venganza. Los campesinos Zerlina y Masetto ni siquiera cantan juntos. El único dúo de amor es entre ésta última y Don Giovanni; un dúo donde el protagonista despliega sus dotes seductoras alternando tonos persuasivos (Là ci darem la mano) con otros de efusión adolescente (Viene, mio bel diletto!), con que casi convence a la muchacha mientras ésta celebra una fiesta para anunciar su próxima boda con Masetto.
En esta pieza el compositor despliega su musicalidad logrando que Zerlina reconsidere su promesa matrimonial un poco por la persuasión de Don Giovanni, un poco por inclinación propia. Mozart es insuperable para dotar a su música de una ambivalencia extraordinaria. El personaje despliega sus artes de seducción, desde el delicado susurro a la melodía de la clase noble, hasta finalizar con una música popular y saltarina. La aparición de Doña Elvira salva a la muchacha.



El enlace recoge el recitativo previo y el dúo Là ci darem la mano con Rodney Gilfry como Don Giovanni y Liliana Niketeanu en el rol de Zerlina dirigidos por Nikolaus Harnoncourt en la Ópera de Zurich en 2001 con subtítulos en castellano. El susurro, el entusiasmo, la persuasión que despliega Don Giovanni van mermando la voluntad de Zerlina.


La calidad y fama de este dúo, una de las piezas más conocidas de Don Giovanni llevó a algunos cantantes a realizar versiones fuera del mundo de la ópera. En el siguiente enlace te propongo ver y oír una interpretación de Là ci darem la mano a cargo nada más y nada menos que de Frank Sinatra y Kathryn Grayson. El acento americano, la adaptación de la música a los intérpretes y el aspecto melódico a sus voces le dan un aire entre curioso e interesante. 


Quizás el hecho de publicar de forma anónima Los versos del Capitán se debiera a que Neruda estaba en proceso de separación de su esposa Delia del Carril y vivía una tormentosa relación con Matilde Urrutia. En alguna ocasión el poeta chileno narró que el hecho de no poner su autoría en la primera edición se debió al hecho de no querer dañar a su entonces esposa.



De todos los poemas del libro es, posiblemente, Tu risa el más conocido de todos, del que se han llegado a realizar diversas adaptaciones musicales.



Mientras preparaba esta entrada los aficionados a esta música hemos recibido la fatal noticia del fallecimiento del barítono ruso Dimitri Hvorostovski a los 55 años de edad. Sirva este enlace como recuerdo de su capacidad vocal e interpretativa, cantando junto a la mezzo soprano letona Elina Garança en 2015 en un concierto celebrado en Moscú. En esta versión se puede apreciar de forma más contundente la dificultad técnica de la pieza y la interpretación del dúo de cantantes.


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18 nov. 2017

#ViajedeOtoño: la Florencia renacentista

La belleza no es más que la promesa de la dicha
Stendhal

Pocas ciudades hay en el mundo que tengan la historia y se dediquen a cuidar la belleza como Florencia. Pertenece a ese grupo de ciudades que deslumbra a quienes la visitan.
Su importancia se reveló fundamental en el Renacimiento con la aparición de tantos artistas y pensadores que revolucionaron el arte y la cultura, desde la poesía a la música, la pintura, la literatura o la arquitectura. Por ella pasaron y quedaron para la historia GiottoBocaccioDanteBoticcelliMiguel ÁngelMaquiavelo o Petrarca, muchos de ellos bajo la influencia y patrocinio de la dinastía de los Medicci.


Stendhal, el escritor francés la visitó en los primeros años del XIX y, tras una de sus visitas por la ciudad llegó a escribir: "Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme". Esa sensación que causan ciertas emociones ante la presencia de obras de arte se conoce desde hace años como El síndrome de Stendhal.

En varias ocasiones han pasado por este blog personajes y obras relacionados con la ciudad de la Toscana. En esta entrada viajamos a Florencia con la vista puesta en el humor y el amor, éste último también con un tono irónicamente desenfadado.


El texto de esta entrada viene de la pluma de Carlo María Cipolla, un historiador de la economía que publicó, en principio sólo para sus amigos, dos pequeñas obras, Allegro ma non troppo, que traigo esta semana, y Teoría de la estupidez, ambas cargadas de un fino sentido del humor.
Ya en el prólogo de la primera Cipolla se pregunta qué es el humor: "La vida es una cosa seria, muy a menudo trágica, algunas veces cómica. El humorismo, que consiste en la capacidad de entender, apreciar y expresar lo cómico, es un don más bien escaso entre los seres humanos. Se refiere a la capacidad inteligente y sutil de poner de relieve y destacar el aspecto cómico de la realidad. Hacer humorismo sobre la precariedad de la vida humana cuando uno está junto a la cabecera de un moribundo no es humorismo. En cambio, cuando aquel gentilhombre francés, que subía las escaleras que lo conducían a la guillotina, tropezó con uno de los escalones y, dirigiéndose a los guardianes exclamó: "Dicen que tropezar trae mala suerte", aquel hombre bien merecía que se le perdonara  la cabeza. El humorismo está tan íntimamente unido a la elección cuidadosa y específica de la expresión verbal con que se manifiesta que difícilmente se consigue traducirlo de una lengua a otra".




Como en todas las entradas, música y texto están unidos por un nexo común. En este caso, viene de la mano del compositor Giacomo Puccini. Se trata de su ópera cómica en un acto Gianni Schicchi.
La obra transcurre el día 1 de septiembre de 1299 en FlorenciaRinuccio Laureta quieren casarse, pero ella carece de recursos económicos. El padre de LauretaGianni Schicchi se presenta para ayudar a los enamorados y es rechazado por la familia del novio. En ese momento, ella suplica a su padre que les ayuden interpretando, entre pícara y zalamera, el aria más conocida de esta obra, O mio babbino caro.



La trama continúa haciendo que Schicchi acceda a la petición de su hija y se haga pasar por un pariente adinerado fallecido para modificar su herencia y pasarse a sí mismo todos los bienes del difunto.
El nombre del protagonista de la ópera aparece en el Canto XXX de la primera parte de la Divina Comedia dedicado al infierno. Para finalizar la obra, Gianni Schicchi deja la acción y, acercándose al borde del escenario, pide al público que con un gran aplauso alivie el castigo que Dante Alighieri le impuso enviándolo al tormento eterno por su capacidad de suplantar a otras personas.



O mio babbino caro es una de esas piezas que han tomado vida fuera de la obra y ha entrado a formar parte del repertorio de las grandes sopranos en sus recitales.
En esta ocasión, una interpretación impecable de Anna Netrebko la soprano que triunfa estos años en el Metropolitan Opera House de New York, en un recital que se dio en 2006 al aire libre en Waldbuhne con la Orcherter der Deutschen Oper de Berlín dirigida por Marco Armiliato.


La popularidad del aria ha sido tan grande que se la puede recordar en diversos anuncios publicitarios. También en algunas películas o series de animación. Para terminar, te dejo con una entraññable aparición de O mio babbino caro junto con Snoopy en un capítulo de Charlie Brown.


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10 nov. 2017

Budapest, la perla del Danubio

Budapest es una ciudad que se presta al recuerdo, a la degustación de lo visto y vivido. 
En este nuevo capítulo de Viaje de Otoño te propongo acercarte, desde la curiosidad por la ciudad desconocida o desde el recuerdo de lo visitado, a una de las ciudades más fascinantes de Europa Central. Nos acompañan textos de Claudio Magris y música de Béla Bartók y Johann Strauss hijo.


Hablar de Claudio Magris es hacerlo de uno de los intelectuales europeos que influyen con su obra desde finales del pasado siglo. Catedrático de literatura en lengua alemana en la universidad de Trieste, su tierra natal, es un prestigioso germanista, traductor o simplemente interesado por la obra de autores como Ibsen, Joseph Roth, Musil, E.T.A. Hoffmann, Hermann Hess o Borges, además de autor de un gran número de ensayos y obras narrativas. Una de sus temáticas es la necesidad de una unión europea, una obsesión sobre la que sobrevuela su pensamiento en muchas de sus obras. El sueño de la Mitteleuropa, la Europa Central, como unificación y unicidad en lo cultural y político, en una búsqueda de la memoria del continente, la creación de un espacio que trascienda lo geopolítico y en el que en su gestación y desarrollo han participado lo germano y lo judío como elementos esenciales: "La cultura alemana, y con ella la judía, ha sido un elemento de unidad y de civilización en la Europa centro-oriental". Obras como El Danubio, Otro mar, Conjeturas sobre un sable, Microcosmos, Utopía y desencanto, A ciegas o La exposición forman parte de su obra literaria. 
Su obra El Danubio abunda en la temática de ahondar en la memoria de Europa a través de un relato que aborda un viaje que transcurre entre lo externo y lo interno, a través de los más de tres mil kilómetros que recorre el gran río europeo a lo largo de su curso, en un viaje que profundiza entre la memoria y el sueño de la creación de un espacio europeo. Según sus palabras: "La cultura europea es como el Danubio, que atraviesa fronteras nacionales, humanas y psicológicas. Es el símbolo de estas diferencias, pero también del rescate de su unidad. El viaje es una posibilidad de salvar esas fronteras, igual que las salva el río, preservando siempre la diversidad".



Este recorrido deviene entre registros variados y elementos de distinto calado, desde simples anécdotas hasta episodios de mayor trascendencia. El río surge con mayor importancia que lo simplemente geográfico: es el símbolo de un sueño de convivencia plural frente al particularismo y el enrocamiento de los nacionalismos.
Como el mismo río Danubio, la parte  central del libro está dedicada a la Panonia, esa antigua región romana que coincide con la cuenca danubiana de gran parte de Hungría y Croacia, Serbia, Eslovenia, Eslovaquia y Austria. En la sección dedicada a Panonia, Magris nos recorre la parte húngara del río en unas observaciones que lo llevan a profundizar en el alma de la capital magiar.


La música en Hungría es tradición, espectacularidad y modernidad. El gran héroe musical, la gran figura histórica de la música en Hungría es Franz Liszt, acaso el pianista más grande que haya dado la historia como intérprete y como compositor. Su figura se paseó por toda Europa, influyendo en todos los grandes compositores e intérpretes del continente. Tenía fama de poder leer cualquier partitura, por muy difícil que fuera, a primera vista. Técnicamente era de una destreza inigualable y su obra va desde las composiciones de autoría propia hasta las adaptaciones que realizaba de obras de otros compositores. Es el caso de Las Paráfrasis y Les Réminiscences, obras en las que traduce al piano temas de distintas óperas, pero en las que no se limita a la simple transcripción, sino que ahonda y avanza en la caracterización de la obra, sus personajes y la historia.
Además, hay autores que han trabajado desde esta tradición y la música popular para crear obras que se encuentran entre las más asombrosas composiciones del siglo. 
Béla Bartók se inició en la música desde su infancia. Tras completar sus estudios musicales, inició una carrera compositiva y como intérprete de piano con algunos éxitos, pero se prometió dedicarse a la investigación folclórica junto con Zoltan Kodály, llegando a completar el estudio de la música popular húngara. Su única ópera es El castillo de Barba Azul, una original obra que oscila entre el misterio y la vanguardia en la que logró unir la tradición junto al impresionismo y al expresionismo. Basada en un cuento de Perrault, el libreto fue obra de Béla Balázs, un poeta, dramaturgo y guionista del naciente cine.
La historia, con poca acción y sólo dos personajes, está más cerca de lo metafísico y lo profundo que de lo convencional. No hay números cerrados como arias o dúos. Judit acaba de casarse con Barba Azul y le pide explicaciones sobre qué hay tras cada una de las siete puertas de su tenebroso castillo. La escalofriante historia muestra cómo va descubriendo, tras cada puerta, el sangriento pasado de su esposo. 


La historia sirvió a Bártok para componer un mosaico sobrecogedor cargado de metáforas: en un universo simbolista, mientras Judit va conociendo qué se esconde en cada una de las estancias, el público se adentra con ella en un mundo de dolor, un palacio sin salida, reflejo de la huella que deja el crimen y que, tras cada promesa de redención, exige no hacer nuevas preguntas. Después de la sexta puerta se vislumbra un lago formado con las lágrimas que el esposo ha hecho derramar a lo largo de su vida. Aquí le plantea a Judit si ve necesario, con halagos y abrazos, la posibilidad de que ella no abra la última puerta, entre las dudas y arrepentimientos de los dos personajes. Tras la séptima puerta se revelan las tres esposas anteriores de Barba Azul, como fantasmas condenados al silencio y la resignación. "Tras el de la mañana, el del mediodía y el del crepúsculo, tú serás el de la noche -le dice a Judit-. Ahora no habrá más que sombra, la sombra para siempre".
El enlace nos presenta el comienzo de la ópera con el barítono Kolo Kováts como Barba Azul y la mezzosoprano Syilvia Sass como Judith con sir George Solti dirigiendo a la London Philarmonic Orchestra.


Uniendo las ciudades de Óbuda, la más antigua, Buda, la ciudad oficial, la de la corte de los reyes magiares, con Pest, la comercial, la ciudad de la burguesía y el pueblo, en el siglo XIX toma entidad la nueva Budapest, una de las ciudades más hermosas de cuantas bordean las orillas del gran río europeo.
La ciudad floreció en los primeros años del siglo XX con una inquietud cultural que se planteaba qué relación existía entre lo esencial y la forma, entre el funcionamiento de las cosas tal como son y la autenticidad de como deben ser. Coincidiendo con el milenio húngaro, en 1896, la creación artística lleva al extremo la espectacularidad de sus monumentos, la creación del metro subterráneo (el segundo más antiguo del mundo tras el de Londres), los compositores hacen avanzar la música hasta colocarla entre la vanguardia europea.



Heredera de estos años es la visión que Budapest nos ofrece hoy. Badavári palota (El Palacio Real), con Várnegyed (El barrio del Castillo), el Mátyá Templom (la Iglesia de Matías, que no de San Matías) o ese impresionante balcón panorámico hacia el Danubio y Pest, el Halásbástya (el Bastión de los Pescadores) marcan el impresionante señorío de la corte húngara. 
Unida por sus monumentales puentes, al otro lado del río, Pest modificó su aspecto para surgir como la vemos en la actualidad con sus amplias avenidas y elegantes edificios, una mezcla de exuberancia y gigantismo, una mezcolanza entre el floreciente capital húngaro y el imperialismo proveniente de Viena. Se diría un eclecticismo historicista con el que la burguesía quisiera aparentar y ostentar un estilo propio húngaro.
Aquí deslumbra el edificio de Országház (El Parlamento), un espectacular monumento neogótico, casi catedralicio; Nagykörút (Gran Bulevar), con sus avenidas repletas de actividad; Andrássy út (Avenida Andrassy), la más elegante de las avenidas de la ciudad, en la que se cobija la fastuosa Magyar Állami Operaház (Ópera Nacional), un edificio espectacular por fuera y por dentro; el Vásárcsarnok (Mercado Central), impresionante edificio de varias plantas cubierto con una amplia nave de bóveda metálica; hasta la popular Hösök tere (Plaza de los Héroes).
Una deliciosa película de Ernest Lubischt de 1940, The shop around the corner, difundida en España como El bazar de las sorpresas, nos permite entrever ese ambiente de las primeras décadas del siglo. 
También abunda la tradición centroeuropea de los cafés, con algunos anodinos edificios que esconden su acogedora monumentalidad tras fachadas insospechadas, como el Café New York



Pero la música de Budapest y de Hungría en general, bebe mucho de lo popular. Sus aires, estilos y bailes han pasado a formar parte de la algunas composiciones clásicas. Originaria de los verbunkos en el siglo XVIII, ha sido popularizada por agrupaciones romanís por toda la zona circundante, llegando a ser popular en los países limítrofes.
La más popular de las danzas húngaras, las czardas se componen de dos tiempos bien diferenciados, comenzando de manera tranquila y parsimoniosa (lassú) para terminar con un tiempo muy rápido y animado (friss).
Interior de la impresionante Ópera de Budapest



En el último guiño a Budapest podemos ver una interpretación de las Czardas de Die Fledermaus (El Murciélago), una deliciosa opereta de Johann Strauss hijo, en la que se recoge el ambiente musical de finales del XIX y comienzos del XX en pleno apogeo de la dinastía de los Habsburgo cuando el imperio Austro-Húngaro formaba una de las grandes potencias europeas. La unión de este ambiente mezclado de burguesía, nobleza, militares, en un decorado de lujo, fiestas y engaños, y en la que cada personaje está interpretando un papel en la fiesta distinto al suyo, hace que esta opereta aún se represente en la época previa al fin de año en los países germánicos. En esta pieza, Rosalinde evoca con su czarda el recuerdo de su Hungría natal.




Interpreta esta Czarda Kiri Te Kanawa en una producción grabada en el Royal Opera House del Covent Garden de Londres en 1984 con la dirección de Plácido Domingo.


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