10 feb. 2018

El lenguaje de los pájaros

La naturaleza posee de la capacidad de sorprendernos con sus poderosas imágenes, sus inigualables juegos de luces y colores, los solemnes, sutiles o potentes contrastes o los sonidos de todo tipo de fenómenos, desde la sobrecogedora tormenta al sutil susurro de las hojas de los árboles en una tranquila noche de verano. 
El sonido de los animales siempre ha producido sensaciones en nosotros. Desde la ancestral necesidad de conocer la posición de los animales para cazarlos como fuente de alimentos, pasando por el estremecedor rugido de animales que podían ponernos en peligro, hasta el placer que supone escuchar el canto de los pájaros o el singular cortejo de algunas especies en los periodos de celo.
Te propongo un paseo por las sensaciones que el canto de los pájaros y el deseo de conocer su lenguaje ha llevado a distintos autores a escribir, componer o crear obras en las que alcanzan un protagonismo que surge de nuestra curiosidad. Por el camino, desde tu misma casa, podrás sentir, oír y disfrutar de un viaje alrededor del mismo lenguaje de los pájaros. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


En una sociedad en la que cada vez estamos más aislados de la naturaleza y ésta la estamos limitando cada vez más, reduciendo sus espacios, haciendo que decrezca el número de especies o disminuyendo su capacidad de reproducción, poder tener la ocasión de escuchar el canto de los pájaros, ha pasado de ser algo frecuente a convertirse en una experiencia excepcional. 
Te propongo escuchar el sonido que produce un grupo de pájaros en una obra que Camille Saint-Saëns compuso en febrero de 1886 mientras descansaba en Austria. El Carnaval de los animales es una composición para un grupo de cámara formado por once instrumentos para un día de carnaval, cargada de buen humor, con músicas prestadas de otros compositores y deliberadamente trastocadas y que Saint-Saëns decidió que sólo se interpretaría en reuniones de amigos entre los que se encontraba Franz Liszt. Sólo en su testamento consintió que podría interpretarse tras su fallecimiento.
La pieza que abre nuestro paseo hacia el lenguaje de los pájaros es La pajarera o El aviario de este Carnaval de los animales. Observa la flauta y el grupo de cámara, oye y siente los pájaros que pueblan esta pajarera o, si te apetece más, cierra los ojos y trata de notar cuántos pájaros se mueven, revolotean o cantan por allí.
Se trata de una interpretación de la Gyegonggi Philharmonic Orchestra con Jae Lyoung a la flauta.


Catedrático de derecho civil y canónico, crítico literario y, más adelante, escritor, Leopoldo Alas, conocido como Clarín, zamorano de nacimiento, sentó su cátedra en Oviedo, de donde era oriunda su familia, para influir con enérgica disposición en el mundo literario de España e incluso la América hispánica y Europa. De su poco amplia producción destaca una de las novelas más importantes del siglo XIX español, La Regenta, una obra centrada en la imaginaria Vetusta por la que desfilan personajes retratados con una cierta hondura psicológica, en la que se critican los convencionalismos provincianos y donde se puede observar un remoto paralelismo entre las vidas del magistral de la catedral Fermín de Pas y Julien Sorel, el protagonista de Rojo y negro de Stendhal.
La curiosidad nos acerca a la segunda mirada al mundo de los pájaros como si de la misma pajarera de Saint-Saëns se tratara. La naturaleza, las luces, el rumor del arroyo acercan a Ana Ozores, la Regenta, a la quieta observación bajo los árboles en un inicial intento por captar el sentido y el pensamiento de los pájaros.



El universo creado por Richard Wagner bebe en muchos casos de las leyendas medievales germánicas a las que supo imprimirles su personal estilo para un conjunto de obras que avanzaron como nunca en el campo de la música. Wagner se cargó sobre sus espaldas una responsabilidad colosal: crear un arte total que aunara todas las artes desde la música a la poesía, de las artes plásticas a la danza, un arte que sustituyera a los poderes que veía decadentes de la política y en el que el artista, el creador, fuera el nuevo eje del poder que hiciera que la intrascendencia que el capitalismo generaba, el desencanto que se había instalado en las conciencias, se viera relanzado a través de las nuevas obras que aunaban todas estas dimensiones, frente a las óperas belcantistas que se centraban, en su opinión, en su propio exceso. 
Él mismo se convirtió en el alma mater de tan ingente tarea. El nuevo arte debía aunar todos los demás sin prevalencia de ninguno, para tener la misión de acercar a la humanidad a la verdad y a los valores inmutables, en el que él mismo escribía los libretos, componía la música, dirigía a los cantantes, sugería decorados y vestuarios, incluso reinventaba el teatro en Bayreuth, instalaba a los músicos en un inédito foso y marcaba hasta el detalle más nimio cómo debían ser las representaciones e incluso los descansos en sus óperas.



En su tetralogía El anillo de los Nibelungos crea una de las obras más ambiciosas que ningún autor haya realizado jamás. Basada en leyendas germánicas y escandinavas medievales, traza un retrato donde deambulan la avaricia, las ansias de poder y la soledad en cuatro obras: El oro del Ring, La Walquiria, Siegfried y El ocaso de los dioses que abarcan en su conjunto más de dieciséis horas de música y a los que dedicó más de veinticinco años de su vida en su composición. 
La tercera de las obras tiene a Siegfried por protagonista, el personaje central en una primera idea. Un aguerrido huérfano recogido por Mime que no conoce el miedo, un héroe valiente que representa el ideal del superhombre con la misión de redimir a la walquiria Brunilda de su castigo y devolver el anillo a las sirenas del Rhin.
Cuando en el segundo acto, Siegfried se queda sólo ante la cueva de Fafner, la música de odio se transforma en una melodía serena. En la escena llamada Wladweben (Murmullos del bosque), el protagonista medita bajo un tilo sobre su origen y piensa que las voces del bosque le están hablando e intenta entender qué le cuenta un pájaro cercano. Construye una rústica flauta para hacerse entender, pero sin resultado. No encuentra el sentido del lenguaje del pájaro.




La escena pertenece a una grabación del Festival de Bayreuth de 1976 interpretada por Manfred Jung bajo la dirección de Pierre Boulez.


El cine también ha tratado el acercamiento al mundo de las aves desde múltiples ópticas. En ocasiones como forma de producir estados de ánimo próximos al miedo como en Los pájaros, la novela de Daphne du Maurier (la autora de la inolvidable Rebeca) que Alfred Hitchcock llevó al cine en 1963
Pero en esta ocasión buscamos a los pájaros, no como fuente de temor, sino como acercamiento, de conocimiento, de búsqueda de cuanto podamos saber de ellos. Otra película de los años sesenta trata el tema del conocimiento que hacemos sobre las aves desde una óptica totalmente diferente. En Birdman of Alcatraz (El hombre de Alcatraz) de 1962, John Frankerheimer narra la historia real de Robert F. Stroud condenado a cadena perpetua en la conocida prisión estadounidense interpretada por Burt Lancaster, basado en una novela y guión de Thomas E. Gaddis. El protagonista, un asesino convicto cambia su vida cuando un gorrión entra por la ventana de su celda y entablan una singular amistad. Al caer enferma el ave, se preocupa en buscar libros donde conocer cómo cuidarlo, lo que origina un cambio en su vida, convirtiéndose en un estudioso del mundo de las aves que entabla correspondencia con autores de distintos países y llega a convertirse en una eminencia mundial, siempre desde la prisión, en la que fallece por causas naturales. La redención personal a través del conocimiento de las aves.


En la obra de Haruki Murakami, el autor japonés más occidental se conjugan las características del mundo actual con las tramas de sus obras. La soledad de quienes forman parte de las grandes urbes o el sentido iniciático y trascendente de la búsqueda de sí mismo conforman el universo del autor. En Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, el protagonista Toru Okada se fija e identifica con un ave vecina a su residencia y que se convierte en uno de los elementos que conforman la novela.




Pero el hombre que más se identifica con los pájaros en la historia de la ópera e incluso de la música es el singular pajarero, Papageno, el personaje de La flauta mágica de Mozart que acompaña a Tamino, como un singular escudero con las cualidades antagónicas del protagonista: mentiroso, cobarde y simple y llano. Su mente está puesta en la comida y la bebida y, sobre todo, en encontrar su alma gemela, una Papagena que le acompañe en su vida y con la que llenar el mundo de pequeños Papagenos.
Su aria de entrada, Der vogelfänger bin ich ja, stets lustig, heisa hopsasa! (Yo soy el pajarero y siempre estoy alegre, ¡viva!) es toda una declaración de intenciones que le hacen tener las simpatías de los amantes de la música de Mozart.


Pablo Neruda, el gran poeta chileno se fija en el vuelo de las aves. Más entiende y conoce de los pájaros por su vuelo que por su habla, posee más comunicación para él el desplazamiento aéreo que el canto de las aves. En ellos descubre viajeros errantes que disfrutan del momento vagando de un lugar a otro, libres de preocupaciones y también de compromisos. Este particular acercamiento al lenguaje de los pájaros como es el poema El vuelo pertenece a su libro Arte de pájaros, una sugerencia de Hugo Repetto para este blog.










Pero si hay quien llega a realmente a comprender el lenguaje de los pájaros y dialogar con ellos es Siegfried. Cuando Fafner, el dragón, oye la flauta y luego el cuerno de Siegfried se despierta y es abatido por la espada del joven. La sangre del muerto le quema como fuego y cuando se humedece con ella la lengua es capaz, de repente, de comprender la lengua del Pájaro del bosque, que le aconseja sacar de la cueva los tesoros que posee. 




La grabación está interpretada por Lance Ryan como Siegfried y Marina Zyatkova como el Pájaro del bosque en una producción del Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia de 2008.


Muchas referencias a textos y músicas quedan aún en nuestra cultura y nuestro imaginario colectivo. Ahí estarán para otra ocasión. ¿Cuáles recuerdas? ¿Propones alguna?

Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

3 feb. 2018

Volando libres

Hay músicas que todos hemos oído, aunque no conozcamos o sepamos a qué obras pertenecen. De la misma forma, hay poemas, escenas, frases o imágenes de obras literarias que reconocemos aunque ignoremos a qué libros pertenecen. Igual ocurre con escenas, melodías e incluso diálogos de películas que vimos y no dejamos de recordar porque han pasado a formar parte de nuestra educación cultural y emocional. Con cualquier obra de arte sea un cuadro, un monumento o escultura nos sucede de igual manera. 
Esta entrada se mueve entre el recuerdo y la memoria, entre la evocación y las vivencias, entre las emociones que fijaron esas imágenes y la desmemoria o el desconocimiento del resto de la obra.
En algunas ocasiones podemos recordar de qué lugar proceden, en otras ni lo conocemos. Pero lo que los trae aquí es que son fragmentos que tienen una calidad indiscutible y se han separado de las obras de las que proceden para volar libres, tener una entidad propia y formar parte, a su manera, de todos nosotros.
Te propongo un viaje alrededor de algunos fragmentos que se han despegado de sus obras originales para tomar vida propia, unas piezas que muchos conocemos, aunque no sepamos con certeza a qué obras pertenecen y así han podido volar libres. ¿Cuáles reconoces? ¿Sabes a qué obra pertenecen? Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Comenzamos.



Hay veces en que un poema pasa a formar parte de la cultura colectiva no porque sea leído de forma masiva, algo infrecuente en este tipo de obras, sino porque ha sido sacado de su contexto, del libro en que se publicó y ha recorrido un camino independientemente de él. Es frecuente que algunos de estos poemas hayan sido llevados al mundo musical y esa popularidad que alcanza le haya hecho volar independientemente de su publicación original.
¿Quién no ha oído a Joan Manuel Serrat interpretando este poema, o alguna de las versiones o adaptaciones que se han realizado posteriores a la suya? ¿Recuerdas a qué obra pertenece? 


Antonio Machado dedicó su obra a la poesía, llegando a ser uno de los referentes de esta temática en nuestro idioma y uno de los componentes de la llamada Generación del 98. De entre sus obras, una de las primeras que publicó, refleja el cambio de rumbo que dio su vida cuando fue a vivir a tierras castellanas. "Cinco años en la tierra de Soria, hoy para mí sagrada -allí me casé, allí perdí a mi esposa, a quien adoraba-, orientaron mis ojos y mi corazón hacia lo esencial castellano", escribiría más tarde.
En ese espacio surgió su libro Campos de Castilla, una colección de poemas escrito desde 1907 y publicado en 1912 por cuyo manuscrito recibió la cantidad de 250 pesetas y entre cuya entrega y publicación quedó el poeta viudo. El libro fue revisado y aumentó el número de poemas desde su nueva residencia de Baeza en las sucesivas ediciones, siendo esta La saeta una de las que se incorporaron desde 1914.
La saeta enraiza con el recuerdo de la Sevilla natal y la religiosidad andaluza, cuyo argumentario no comparte del poeta, más cercano él a la esencia del mensaje cristiano.



Una pieza de la que se han realizado multitud de versiones para todo tipo de instrumentos es esta de El vuelo del moscardón de Nikolai Rimsky-Korsakov de procedencia poco conocida.
La interpretación corresponde a la orquesta Filarmónica de Berlín dirigida por Zubin Mehta.


El vuelo del moscardón (Poliot shmelyá) es una pieza de la ópera Skazka o Tsaré Saltane (El cuento del zar Saltán), aunque su nombre completo en nuestro idioma sería algo así como El cuento del zar Saltán, de su hijo y el célebre y poderoso príncipe bogatyr Gvidón Saltánovich y de la bella Princesa-cisne. Basada en un poema homónimo de Alexander Pushkin, se estrenó en 1900 para festejar el centenario del nacimiento del poeta ruso. 
En el tercero de los cuatro actos de la ópera, el personaje del Ave-Cisne da al zarevich Gvidón instrucciones para convertirse en un insecto y poder volar para visitar a su padre el zar que no sabe que está vivo. Es una de las tres transformaciones en diferentes insectos que Gvidón deber realizar según el poema de Pushkin para llegar al reino de su padre. 



El enlace pertenece a una grabación de audio que se realizó en directo en marzo de 2009 en la Opera Zuid, The Netherlands. De esta pieza se han realizado multitud de versiones para todo tipo de instrumentos, requiriendo en ellas una gran agilidad y virtuosismo debido a la rapidez con que hay que interpretar las semicorcheas, necesitando una gran habilidad, especialmente en los violines.




Entre las escenas más recordadas del mundo del cine se encuentra ésta que ha dado lugar a la expresión de "hay más gente que en el camarote de los hermanos Marx." ¿A cuál de sus películas pertenece?


La cantidad de escenas memorables que contienen las películas de los Hermanos Marx hace que, en muchas ocasiones, mezclemos los títulos, argumentos y gags almacenando en nuestra memoria todos entremezclados. Además, el sentido del humor tan particular que utilizaron en estos primeros años tras la explosión del cine sonoro hace que muchos de los juegos de palabras con que salpicaban sus películas se hayan perdido por ser intraducibles o carecer de sentido en nuestra cultura y nuestro idioma. En El surrealismo del doblaje en las películas de los hermanos Marx, @espinof_com trata sobre la pérdida de ese sentido del humor que se produce al traducir y doblar sus películas a nuestro idioma.

Si has pensado que la escena pertenece a Una noche en la ópera, estás en lo cierto. Para este blog, no está mal el título de la película.



Dentro del Siglo de Oro de nuestras letras la poesía, la novela y el teatro alcanzaron grandes cotas de calidad que se reflejan en cada una de sus publicaciones. Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Góngora o Quevedo son, entre otros, los grandes autores de esta época. 
Prescindiendo de poner el título y el autor en el texto que sigue, ¿recuerdas a quién pertenece? ¿Qué tipo de obra es? ¿De qué obra está sacado? Disfruta y reflexiona con los argumentos que esgrime, unas consideraciones tan universales que hoy son totalmente vigentes.



El dilema entre el libre albedrío y la predestinación, que se resuelve tras un tortuoso camino a favor del primero, marca esta obra teatral en la que se inscribe el monólogo de Segismundo, uno de los más conocidos de nuestras letras.
Escrita en 1635, su argumento gira en torno al cautiverio de este príncipe a quien su padre, el rey Basilio de Polonia, tiene encerrado para que no se cumplan las predicciones de un oráculo que vaticinaba que su hijo lo humillaría y derrotaría ante su propio pueblo. Después de casi cuatrocientos años después de su estreno, La vida es sueño es una obra de Calderón de la Barca que aún suele representarse en los escenarios, lo que nos indica su vigencia.





La última obra que presento en esta ocasión de entre las que volaron libres de su obra original se ha hecho un hueco por méritos propios en los repertorios de las orquestas en una versión distinta a la que se escribió, ya que se suele ofrecer en su forma instrumental.
En este enlace te propongo una versión que el longevo director francés Georges Pretre llevó a cabo, con ochenta y cinco años, en 2010 en el Concierto de Año Nuevo dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Viena en el Musikverein de la capital austriaca. Se trata de una versión con una gran calidad musical y de imagen a la que se une la realización que se mueve majestuosamente por toda la sala de conciertos siguiendo el sutil balanceo de la barcarolla.


La versión original está cantada en el segundo o tercer acto, según la versión que se realice, que se dedica al personaje de Giulietta
La escena transcurre en Venecia, en la galería de fiestas de un palacio, junto al Gran Canal. En el libreto se indica que al fondo se entrevé agua con góndolas que se mueven. Una balaustrada con escaleras, arañas luminosas, cojines y flores llenan el escenario. En los laterales, puertas y arcadas conducen a otras galerías. En escena, los invitados de Giulietta se encuentran agrupados en pie o tendidos en los cojines, mientras ésta y Nicklausse interpretan esta barcarolla en Los cuentos de Hoffmann de Jacques Offenbach.




En esta versión la interpretan dos de las más grandes cantantes de la actualidad, la soprano Anna Netrebko y la mezzo Elina Garança en un vídeo que realizaron durante la grabación y para la promoción del disco Souvenirs de la soprano rusa.


¿Qué otras piezas conoces que han volado libras? ¿Cuáles sugieres para una nueva entrega?

Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Bibliografía consultada:
-Machado, Antonio: Campos de Castilla, Edición de José Luís Cano, Ed. Cátedra.

Páginas web consultadas:

- https://www.espinof.com/otros/el-surrealismo-del-doblaje-en-la-peliculas-de-los-hermanos-marx 
- http://www.cervantesvirtual.com/portales/calderon_de_la_barca/su_obra_vida_es_sueno/

27 ene. 2018

Verdi y Falstaff: Todo en el mundo es burla

"¿Hablas en serio cuando me dices que mi conciencia me obliga a componer? Siempre he cumplido con escrúpulo los compromisos contraídos y el público ha aceptado mis obras de la misma forma, con sonoros aplausos o pitidos. La deuda está saldada." Así se expresaba, después de cumplir los sesenta años, Giuseppe Verdi, dando por finalizada su carrera tras componer su última obra, el Requiem, en 1874.



Pero Verdi aún guardaba la que pensaba que sería su última obra inspirada en su admirado ShakespeareOtello. Pocos autores han disfrutado tanto de la obra del dramaturgo inglés como el compositor italiano, para quien era un constante lectura desde su juventud y una fuente de inspiración inagotable para llevar a la escena. Con el Otello, que durante varios meses valoró llamar Iago por el protagonismo que el personaje estaba adquiriendo y por diferenciarlo de la obra homónima de RossiniVerdi dio por finalizada en 1887 una carrera que ya había considerado terminada. 


Sin embargo, esta no sería la última obra de Verdi. Aún sorprendería al mundo con una nueva ópera. Arrigo Boito, que había sido el libretista del Otello le sugirió la idea de trabajar sobre un personaje, otra vez de ShakespeareSir John Falstaff, una suerte de Sancho Panza barrigón y borracho, ladrón y sin escrúpulos, pero con una simpatía a prueba de bombas. 
Falstaff aparece en las dos partes de Enrique IV en el papel cómico del amante burlado. En 1599 el dramaturgo inglés volvió a situar al personaje en Las alegres comadres de Windsor, según parece por deseo de la reina Isabel I con ideas cómicas del gusto de la monarca y que no está a la altura de otras obras del autor.
La propuesta de Boito se basó en los tres textos, especialmente en el último, realizando un guión que envió al maestro. La respuesta planteaba las dudas que tenía y cuya transcripción sería la siguiente: 



En pocos días Verdi se decidió a componer imponiendo a Boito guardar el secreto más profundo sobre el proyecto que estaban llevando a cabo.
Años antes, el gran Rossini había publicado en La Gazetta Musicale"Verdi es un compositor de carácter, serio y melancólico. Sus tonos son triste y oscuros. Este espíritu emana de su forma de ser espontáneamente y por esa razón es valioso en extremo. Siento el máximo respeto por Verdi, pero está fuera de dudas que jamás podrá escribir una obra semiseria de la categoría de Linda de Chamonix y menos aún una ópera bufa como El elixir de amor".
Verdi escribió al editor: "Durante veinte años he buscado un libreto para una ópera bufa y ahora que lo he encontrado provocáis con este artículo que el público sienta ganas de abuchear mi obra entes de haber sido compuesta."
Que Verdi trabajara con más de setenta años en una obra cómica, mientras algunos colaboradores y amigos morían y él quedaba enormemente afectado, hizo que la composición se demorara durante meses. En algunos momentos llegó a reconocer que mientras ponía música se había hecho reír a sí mismo. A Boito llegó a escribir: "Il Panzone (el Panzudo) va camino de la locura. Algunos días no se mueve, duerme, está de mal humor. Otros grita, corre y lo rompe todo."
Una de las más divertidas secuencias es esta en la que Falstaff cae en el juego de engaños y cree seducir a Alice y entona Quand'ero paggio del Duca di Norfolk (Cuando era paje del Duque de Norfolk), una melodía que describe al personaje.



El bajo Renato Bruson explica e interpreta Quand'ero paggio... en un ensayo de Falstaff en el Teatro Murricino di Chieti grabado en abril de 2007. El cantante indica que para el personaje es un gran momento de romanticismo con el que cree que Alice caerá rendida a su desbordada pasión.


Lo que más sorprende de Falstaff es que Verdi no siguiera el camino de la ópera bufa, entre otras razones porque ya estaba en su ocaso, sino que estaba componiendo una obra de teatro con música, revolucionaria en cuanto que era totalmente distinta a todo lo que había compuesto hasta entonces, y con la que estaba dispuesto a sacarse la espina del fracaso que supuso su otra obra de este estilo, Un giorno di regno (Un día de reinado).
El guión de Boito se basaba principalmente en Las alegres comadres de Windsor, aunque seleccionando personajes, evitando las repeticiones innecesarias que quitan comicidad, modificando algunos de ellos para consolidar más la obra, centrando la acción en un único nudo y dividiéndola en seis cuadros de unos veinte minutos repartiéndolas de dos en dos en tres actos.
Quienes buscan en una ópera arias brillantes, dúos o tríos espectaculares o coros emocionantes ven en Falstaff una obra distinta de las de Verdi, no convencional y puede llevarles a una cierta decepción. Pero el compositor italiano logra una auténtica obra en la que la relación entre lo que se dice y la música logran una perfecta conjunción. En Falstaff no hay números cerrados que terminan y se aplauden; tampoco hay, como en las óperas anteriores a Verdi, esas arias espectaculares con que los grandes tenores, sopranos o barítonos paraban la acción para sorprender al público con sus exhibiciones canoras que no tenían nada que ver con el argumento. 



Falstaff es la culminación del saber de Verdi, la cumbre de su técnica compositiva que aparece por toda la obra con un alarde de riqueza y complejidad musical. Las arias son sustituidas por pequeñas piezas encadenadas; salvo el protagonista, no hay papeles grandiosos sino grandes secundarios con un perfil muy marcado.
El protagonista está dibujado hasta hacerse una figura agradable y con encanto, no sólo un payaso burlado, sino alguien que se convierte en un símbolo, un personaje de estos que están por encima de la obra a la que pertenecen. Sus monólogos pertenecen a fragmentos de Enrique IV como el conocido "monólogo del honor" que interpreta en el acto I.
Otro apasionado de la obra de ShakespeareOrson Welles, dirigió y filmó en España en 1965 su película Campanadas a medianoche en la que se centraba en la figura de Falstaff a partir de las citadas dos partes de Enrique IV. El "monólogo del honor" que el mismo Welles interpreta en la piel del protagonista mezcla las resonancias épicas con la excesiva prudencia.


En la obra de Verdi, el primer cuadro presenta a Falstaff en el modesto hostal La Jarretera donde reside carente de recursos. En su imaginación piensa que puede enamorar a Alice Ford y Meg Page, ambas casadas y adineradas, para mejorar su economía. Ni se molesta en escribir cartas distintas a cada una, sino la misma con encabezamiento diferente. Sus criados lo acompañan cuando el tabernero reclama el pago de la deuda. Entra un leguleyo que le reclama por unos abusos cometidos en su casa por el protagonista y sus criados. Falstaff lo echa sin miramientos mientras comenta con sus criados que hay que robar con gracia y oportunidad. Envía a los criados a llevar las cartas, pero éstos se niegan porque su honor se lo impide. En estas circunstancias, tan diferentes de las reseñadas por Orson Welles, se desarrolla este monólogo del honor.




Uno de los grandes de mediados del siglo XX, Tito Gobbi interpreta este monólogo L'onore en una producción fílmica con la Philarmonia Orchestra.


Una de las aportaciones de Boito y Verdi es la forma de representar el amor entre Nannetta Fenton que presentan. Les dan un tono poético aunque sin despreciar el tono cómico de la obra. Este juego amoroso se va desarrollando a través de toda la obra de forma fugaz. En sus apariciones se hacen mimos por los rincones ocultos a la vista de forma ingeniosa, con frases chistosas, pícaras y rápidas, mientras desarrollan miniaturas de dúos de amor que Boito quiso cerrar con una cita del Decamerón de Bocaccio"Bocca baciata non perde ventrua. Anzi rinnova come fa la luna" (Una boca que ha sido besada no pierde felicidad. Ésta vuelve como lo hace la luna). 

En el acto segundo, Alice Meg junto con Quickly Nanetta esperan la llegada de Il Panzone (como lo llamaba Verdi) para burlarse de él. Cuando llega, las tres últimas se esconden mientras la primera lo recibe tocando el laúd. La escena incluye la melodía anterior de Quand'ero paggio del Duca di Norfolk.




La escena entre Falstaff Alice está interpretada por el barítono Sergio Vitali y la soprano Rosa Feola en 2013 el Teatro della Fortuna di Fano.


El cuadro segundo del tercer acto presenta una atmósfera de fantasía y magia inédita en la obra de Verdi. Humor y ensueño se complementan, los elementos satíricos, juguetones e irónicos muestran parodias de sus propias obras, lo majestuoso se expresa en un contexto humorístico. Mientras se canta una letanía burlona para con Falstaff, suenan melodías del Requiem o salmos sacerdotales de Aida.


¿Qué tiene la música de Verdi?


Cuando para preparar la burla definitiva a Falstaff Alice reparte los papeles que han de representar, un efecto sonoro refleja de forma sutil el ambiente, como una sonoridad transparente. "Aquí es necesaria una melodía que se torne cada vez más tenue y que se pierda en un pianissimo, a ser posible interpretado por un único violín" escribió Verdi mientras componía el acto.
Este inaudito acto y la ópera finalizan con una fuga final que pone fin a la carrera de uno de los más grandes compositores de ópera de la historia. Fue lo primero que Verdi compuso de esta obra en unos momentos en que estaba realizando estudios de contrapunto (¡con más de setenta años!). En septiembre de 1889 escribió a Boito"Si, signore: una fuga... y precisamente una fuga divertida... ¡acorde al espíritu de Falstaff! ¿Y por qué divertida? ¿Me preguntáis el por qué? Bueno, desconozco la razón, ¡pero es una fuga cómica!".




El texto de Tutto nel mondo é burla es simple y efectivo como despedida de la ópera y de la obra de un genio como Verdi.




El coro final, esta fuga definitiva de Verdi, pertenece a una interpretación realizada en el Teatro alla Scala de Milán en 2001 bajo la dirección de Riccardo Muti en la que intervienen Ambrogio Maestri como Falstaff acompañado por Roberto Frontali, Juan Diego Flórez, Bárbara Frittoli y Ernesto Gavazzi con el Coro y la Orquesta titulares del citado teatro.


El enlace último presenta la ópera completa con subtítulos en castellano en una representación histórica que se llevó a cabo en 1982 bajo la dirección de Carlo Maria Giulini en el Royal Opera House Covent Garden londinense con el papel principal a cargo de Renato Bruson y la interpretación de Leo Nucci, Katia Ricciarelli, Barbara Hendricks y Lucia Valentini-Terrani entre otros protagonistas.



Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Bibliografía utilizada: -Alier, Roger: Guía universal de la ópera. Ediciones Robinbook, S.L. 2007
-Caso, Ángeles: Giuseppe Verdi. La intensa vida de un genio. Círculo de Lectores, S.A. cortesía de Temas de Hoy, S.A., 2001
-Falcón, Laia: La ópera. Voz, emoción y personaje. Alianza Editorial, S.A. 2014.
-Batta, András: Ópera. Compositores. Obras. Intérepretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbH, 1999.
Web consultadas:
http://www.kareol.com
http://www.vozpopuli.com/marabilias/cultura/Cultura-Bicentenario-Giusseppe_Verdi-Biografias-Literatura-Musica-Opera_0_633536641.html
https://elpais.com/cultura/2011/03/18/actualidad/1300402806_850215.html 

19 ene. 2018

Mirando las estrellas con los ojos cerrados

Las estrellas siempre están ahí, sobre nosotros, pero no las vemos. 
Si levantamos la cabeza, sobre el firmamento siempre se encuentran las estrellas. De día la luz nos impide verlas, pero se encuentran sobre nosotros. Aunque no lo pensemos, podemos sentirlas, saber que están ahí. 
De noche estamos perdiendo la capacidad para verlas. La luz de nuestras ciudades con la contaminación lumínica o la vida hacia el interior de los hogares o el distanciamiento de la naturaleza nos impiden disfrutar la maravilla de un cielo estrellado. 
Pero es más nuestra falta de ganas de verlas las que nos dificultan apreciarlas. Hoy brillan más las estrellas de neón, las cinematográficas o las musicales, las estrellas fugaces que pasean rápidas y veloces hasta apagar su caduco brillo en las televisiones de los hogares en una constante lluvia de estrellas que surgen y desaparecen.
Gozar de una noche divisando las estrellas, pararnos a admirar el firmamento, buscar unos ojos amigos y compañeros mientras paseamos los nuestros entre el fulgor de las constelaciones, sentir que bajo la cúpula celeste formamos una parte nimia e infinitesimal del universo, conforman una de las vivencias más sobrecogedoras que podemos experimentar.
Si no puedes llevarlo a cabo, te propongo un paseo desde tu casa, desde tu sillón, desde donde te encuentres, por las estrellas. Un paseo que surge de las experiencias que nos aportan algunos autores a través de sus libros y composiciones musicales. No se trata de un registro riguroso, sino de experimentar el placer que supone ver las estrellas cuando no puedes mirarlas, como con los ojos cerrados, desde el lugar donde estés. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!




Nuestra cultura proviene de civilizaciones anteriores. Uno de los primeros relatos, épico donde los haya, proviene de la literatura griega. En la primera gran epopeya de Homero, La Iliada, aparecen las primeras referencias a las constelaciones que pueblan la bóveda celeste, con los nombres que reconocemos desde hace varios milenios.
En el Canto XVIII, Hefesto, dios del fuego está encargado de realizar en las fraguas un escudo para Aquiles, entre cuyos adornos reconocemos aquellos grupos de estrellas y sus nombres que nos han hecho mirar al cielo en tantas ocasiones.



Richard Wagner nos acerca también a la mirada a las estrellas, en una de las óperas con las que configuró su universo. En el tercer acto de Tannhäuser, Wolfram entona un arioso, esa mezcla entre recitativo y cantado, seguido de una especie de himno al "lucero vespertino" (O du, mein holder Abendstern), una exquisita romanza donde el caballero identifica a su amada Elisabeth con la estrella del atardecer y le muestra su fidelidad más allá de la muerte. 



La interpretación de Michele Kalmandi con un escenario y vestuario austeros se grabó en directo en enero de 2008 y nos muestra la sensación melancólica a la par que romántica que Wagner nos transmite. Como curiosidad, en escena, Wolfram no lleva el arpa que suele portar en esta escena.



Perteneciente a una dinastía de escritores de origen polaco junto a su hermano Israel Joshua Singer y su hermana Esther Kreitman, Isaac Bashevis Singer publicó su novela Shosha en 1978, el año en que le concedieron el Premio Nobel de Literatura. 
Hijo y nieto de rabinos, toda su obra está escrita en jidish, el idioma de la comunidad judía del centro y este europeos, pese a vivir en Estado Unidos desde su exilio tras la guerra mundial.



En Shosha, Singer narra una historia de amor en la Varsovia de los años treinta, en la calle Krochmalna en la que creció el autor y centrada en la figura en la voz de su protagonista Aaron Greidinger y la relación que tiene con cuatro mujeres, y el recuerdo y aparición de nuevo en su vida de Shosha, una vecina y compañera de su infancia. Singer narra una historia dura en la que habla de la capacidad que tenemos para autoengañarnos y lo imprevisible que llegan a ser las conductas humanas en un libro que está cargado de un sentido del humor entre la tragedia de las vidas.
La mirada que el protagonista nos ofrece sobre una estrella, la misma que fijaba la atención de Wolfram en Tannhäuser, provoca otro tipo de razonamientos en la pluma de Singer.


Ningún autor se acerca a la genialidad de Franz Schubert en la composición de lieder. Con más de 600 de ellos, cada lied del compositor vienés lo define como uno de los más grandes especialistas en este tipo de obra. La tradición de composiciones cantadas en alemán evoluciona con su presencia hasta desprenderse de la brillantez del aria de ópera y alcanzar una sencillez marcada por la fusión entre el texto del poema y la forma que el autor le confiere, prescindiendo del virtuosismo del cantante y del instrumentista, casi siempre al piano, para entrar en la esencia del texto en que se basa.



De toda la producción de Schubert, el lied Abendstern (A la estrella del atardecer) también está dedicado al mismo lucero vespertino que las obras anteriores. Compuesto en 1824, el año en que comenzó a afectarle la enfermedad que le llevó en unos años a su prematura muerte, está basado en un poema de su amigo Johann Baptist Mayrhofer, un escritor aficionado con quien convivió durante algunos de sus años de penurias económicas y del que tomó casi medio centenar de poemas para musicar.



Nuestra mirada a esta estrella del atardecer se basa en una interpretación de Ian Bostridge, un interesante tenor inglés especializado en la obra de Händel y Britten y cuyas interpretaciones estoy comenzando a conocer a través del trabajo que sobre el Winterreise, El viaje de invierno de Schubert ha publicando Aurora Madariaga en su blog Silly Literature.



El escritor japonés de referencia en la actualidad Haruki Murakami refleja en sus obras un rico mundo interior, onírico y creativo en que se reflejan el individualismo y la soledad imperantes en la sociedad actual y en el que los protagonistas superan esos condicionantes a través de experiencias intensas y personales.

En Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, una novela publicada en 1994, Murakami hace narrar a Tooru Okada su historia. En uno de sus recuerdos, el protagonista hace referencia a una experiencia infantil bajo la cúpula estrellada del cielo y el vértigo que le produjo.



La obra de Robert Schumann se circunscribe de forma general al piano del que llegó a ser un gran virtuoso y compositor antes de que los problemas mentales le retiraran del mundo de la música. 
La siguiente mirada musical nos acerca a las estrellas en general con una versión para coro a cuatro voces en un tono que sigue algunas de las sendas filosóficas que han aparecido en estas miradas.



El Universitäts Chor Munchen bajo la dirección de Johannes Kleinjung nos acerca A las estrellas (An die Sterne) en una actuación que se realizó en julio de 2010.



La última de las miradas vuelve al comienzo, a la primera de las músicas, la correspondiente al Tannhäuser de Wagner. En esta ocasión te presento una versión muy particular en concierto del barítono Dmitri Hvosrotovsky, una estrella que nos abandonó a finales de 2017 con apenas 50 años y ha dejado un vacío en el mundo de la música y la ópera. 


¿Qué relato o música, qué reflexión o evocación añadirías?
Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

12 ene. 2018

La mirada sencilla e inocente

Muchas miradas hemos presenciado en nuestra vida, o mejor, en nuestras vidas, la que vivimos y las que presenciamos con mayor o menor intensidad desde nuestra experiencia como seres pensantes.
Las primeras miradas tienen una forma de hacerlo cargada de inocencia, asombro y naturalidad. Son miradas espontáneas que se sorprenden de ver el mundo, de conocer y descubrir de un modo sano y noble. Pero esas miradas llanas y sinceras van acostumbrándose a hacerse de soslayo, fugaces a otras miradas, furtivas cuando comienzan a descubrir la forma en que son recibidas.
Cuando esa mirada se mantiene sencilla e inocente con el paso del tiempo, quien la posee puede estar en uno de los extremos: o es una personalidad sencilla, simple, que no va a evolucionar, o es una personalidad con una grandeza en su interior, con un estado de ánimo que no se deja retorcer. En ambos casos, la mirada puede ser objeto de burla, menosprecio o desdén por parte de quienes han perdido esa condición en su propia mirada.

Dos historias cargadas de luchas y esfuerzos y que mantienen una mirada sencilla e inocente pese al paso del tiempo vienen al blog. Una proviene de un autor al comienzo de su carrera, otra de un músico al final de la misma, incluso después de su vida. Dickens, Offenbach y Hoffman nos acompañan. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Todos conocemos obras de Charles Dickens que han pasado a formar parte de la cultura colectiva de nuestra civilización. Novelas como las de David Copperfield, Oliver Twist, Historia de dos ciudades o Grandes esperanzas y cuentos como A Crhistmas Carol (Una canción de Navidad), el más navideño de todos los cuentos con el redomado tacaño Ebenezer Scrooge y la presencia de los tres fantasmas de las navidades pasadas, presentes y futuros. 
Pero, como todos los escritores, o todos los creadores, o si queremos, como todos nosotros, todo tuvo un comienzo, unos inicios en los que se estaba formando el estilo, la capacidad creativa y la carrera literaria de un autor que reflejó como nadie la vida del siglo XIX de Inglaterra e influyó en su país, extendiendo su mirada y su influencia a toda Europa y América.
Nacido en 1812 cerca de Porstmouth, su padre era pagador de la Marina, un cargo sujeto a cambios de residencia. A los dos años va a vivir a Londres con sus siete hermanos, pero la situación económica familiar hace que su padre contraiga deudas y acabe en la cárcel, lo que marcaría definitivamente la vida del escritor. Tras recibir una herencia, mejora la situación económica y el joven Charles se va convirtiendo en un lector empedernido de obras como El Quijote, Las mil y una noches o Gil Blas de Santillana. Tras trabajar como ayudante en un bufete de abogados, con 22 años trabaja como reportero en el Morning Chronicle. Allí le llega el éxito con los Sketches of London, una serie de retratos entre reales y ficticios sobre escenas y personajes de la capital inglesa que publicó con el pseudónimo de Boz. Los editores Chapman & Halle le proponen escribir una novela por entrega que se basaría, en esencia, en poner texto a las caricaturas que Robert Seymour le iría enviando y que deberían servir para construir un relato que ridiculizara a los miembros de un club que se dedicaban al deporte, algo que se había puesto de moda y entraba, por tanto, en el interés popular.
El primero de los grabados que el dibujante envió a Dickens presentaba a trece caballeros, uno de los cuales estaba subido a una mesa pronunciando unas palabras, mientras en la zona baja aparecen cañas de pescar preparadas para ser utilizadas en las salidas. 
Primer grabado original de Seymour

De ellos, el escritor debía elegir los que iban a protagonizar la historia. Así nacieron Los Papeles póstumos del Club Pickwick que debían inscribirse dentro de una narración por entregas de los viajes por Inglaterra de una delegación de cuatro caballeros de una sociedad diletante típicamente inglesa. 
No sólo aceptó, aunque de mala gana, el encargo, sino que de las 400 copias de la primera entrega, por las que recibió 14 libras, se pasó a las 40.000. Esperar y comentar en las tertulias cada entrega en las ciudades, atender impacientes la llegada del correo o del barco que las traía a los más remotos lugares hizo que la figura de Dickens se convirtiera en un personaje querido por el público inglés.
El escritor aceptó que el protagonista no fuese un apuesto joven, un galán al uso, sino un anciano, un observador de la realidad, una persona con una mirada sencilla e inocente que llega a ser burlado en ocasiones y rozar el ridículo, pero que, poco a poco, va convirtiéndose en un viejo de buenos principios, como un padre para todos. 
La primera mirada que nos acompaña refleja cómo, con qué indulgencia, pero a la vez ironía y sarcasmo Dickens presenta al protagonista, no en el primer capítulo cuando se funda el club, sino presto para la primera salida, como si de un nuevo Quijote se tratara.

 

La segunda mirada nos ocupa más de ciento cincuenta años. Se centra en la figura de Jakob Eberst, quien nació en una localidad cercana de Colonia donde su padre ejercía de encuadernador a la par que era cantor de la sinagoga. Allí comenzó a estudiar violín y más adelante violonchelo hasta que su familia se trasladó a París. Allí siguió con el cello gracias a Cherubini, que logró su ingreso pese a que los extranjeros no podían entrar en el conservatorio y lo compaginó con estudios de composición. 
Más adelante intentó formar parte de la Opéra Comique parisina, pero hubo de conformarse con tocar "música de relleno" para acompañar las obras teatrales que se representaban en la Comédie Française. Con una gran facilidad para componer en pocos minutos melodías que se iban a tararear por toda Europa, en la Exposición Universal de París se hizo popular con las comedias musicales que compuso, entre las que se encuentran Orfeo en los infiernos, La Bella Helena o La Gran Duquesa de Gerolstein, todas ellas con música muy popular, una crítica feroz a los gobernantes franceses, especialmente al emperador Napoleón III, y una frivolidad y diversión que anticipaban las operetas de Strauss o Lehár en Viena o Gilbert & Sullivan en Inglaterra.
Conocido desde que comenzó a componer con el nombre de Jacques Offenbach, afrancesando el nombre y tomando el apellido de su localidad de origen, la obra que le ha dado renombre en la historia musical es Les contes d'Hoffmann (Los cuentos de Hoffman). Se trata de una ópera que comenzó a gestarse en 1851 por Michel Carré y Jules Barbier a partir de tres cuentos de E. T. A. Hoffmann, el conocido autor de cuentos de quien tratamos en el blog en Palabra de gato.
Estos cuentos narran tres historias, cada una de las cuales presenta una faceta de su ideal de mujer amada, en las que Hoffmann se convierte en protagonista a la búsqueda del amor perdido con la cantante StellaDer Sandmann (El hombre de arena) se corresponde con la historia de Olympia, Rat Krespel (El consejero Krespel) con el episodio de Antonia y Der Geschichte von verlorenen Spiegelbilde (La historia de la imagen del espejo perdida) con el episodio de Giulietta.
La mirada sencilla e inocente pertenece, cómo no, al atribulado Hoffmann que ha sucumbido al amor de Olympia, una muñeca mecánica que el inventor Spalanzani presenta entre bromas como su hija. Enamorado de ella, y gracias a unas gafas especiales que le ha vendido el diabólico doctor Coppelius, Hoffmann está presente en la escena en que Olympia canta una virtuosa canción de coloratura, Les oiseaux dans la charmille.

El jardín de la Armonía con los compositores del XVIII y XIX

La soprano Rachele Gilmore interpreta el aria de Olympia en el Metropolitan Opera House de New York en 2009. Las anécdotas de esta interpretación son, por un lado que quien iba a cantar el papel era Katheleen Kim, pero Gilmore fue avisada para sustituirla por una indisposición tres horas antes de comenzar la función, que se retrasó un tiempo para que pudiera aprenderse los movimientos por el escenario. Además, en este aria, la Gilmore llega a un La sobreagudo, una nota que se discutió por un tiempo si era la más alta cantada jamás en el MET, como podéis comprobar en esta reseña publicada días después del evento por Neil Kurtzman.






Dickens se rebeló contra la idea de tener que seguir los dictámenes del ilustrador, exigiendo que la literatura debía ir por delante de los grabados, lo que ocasionó una seria disputa entre editores, escritor y dibujante. El caso es que, una vez ilustrados los tres primeros capítulos, Seymour, por no se sabe qué motivos, terminó con su vida y hubo de buscarse un nuevo dibujante que, ahora sí, se adaptara a los textos, Hablot K. Browne, bajo el pseudónimo de Phiz, quien ilustraría gran parte de la obra literaria de Dickens.
La idea inicial de ridiculizar a los miembros del club se fue trastocando con el paso de los capítulos. Poco a poco los protagonistas se convierten en una asociación de viajeros con un sólo deportista, Mr. Winkle (¡y vaya desastre de deportista!) y con la finalidad de conocer mundo. 
Pickwick se hace popular en Inglaterra. En el libro, todos les invitan y donde va junto con los miembros del club los reciben con alegría y cordialidad. Los personajes están siempre en vilo y son los primeros en sorprenderse de sus acciones. Mr. Pickwick, un personaje honesto y honorable como nadie, no deja de padecer aventuras impensables y, tanto él como sus amigos se convierten en un espectáculo de sí mismos.
En una época que comienza a desarrollarse el ferrocarril, los protagonistas viajan por toda Inglaterra en diligencias "con el único fin de observar el mundo humano, simplemente".
El cariño con que Dickens lo describe de un modo sutil e indirecto le hace escribir frases como las siguientes: "Mr. Pickwick y sus compañeros consiguieron llegar hasta las primeras filas  de aquel gentío bullicioso. La dignidad de Mr. Pickwick no tardó en verse turbada por un brusco empujón que lo impulsó unas yardas hacia adelante volando con una ligereza nada propia de su edad, porte y desarrollo físico".
Con Dickens, los personajes van progresando desde las meras caricaturas a tener una vida independiente del autor. Con toda seguridad el escritor no tenía una idea general de la evolución de la obra, sino que ésta iba avanzando conforme debía entregar a la imprenta cada capítulo. Además tenía la referencia de lo que los amigos y conocidos le iban comentando sobre la historia, de las cartas que lectores agradecidos le indicaban, de lo que oía a su alrededor, lo que hacía que las entregas fueran cambiando las ideas iniciales y adaptándose a los gustos de los lectores.
La entrada en escena de Sam Weller, el nuevo criado de Mr. Pickwick abrió un nuevo camino en la obra al tratarse de un personaje de extracción popular que contrastaba con el estilo más aristocrático del protagonista y un lenguaje fresco, típico de la clase baja urbana, un personaje que utilizaba las comparaciones y los ejemplos con una agudeza tal que la venta de la publicación se multiplicó.
Dickens publicó una novela por entregas que podía haberse quedado como uno de los folletines de la época, pero que llegó a alcanzar una gran difusión entre lectores de todas las clases sociales, con un gran dominio de la lengua inglesa, una variedad de historias y aventuras entre las que se intercalan distintas historias o narraciones y un sentido de la observación en el que incluye experiencias personales como las de la prisión, que vivió cuando era pequeño, o las duras críticas a quienes trabajaban con las leyes.
Es esta última mirada, la de los abogados Dodson & Fogg, una mirada rebuscada, casi vil, a base de argumentos retorcidos con la que crean de la nada la querella entre Bardell y Pickwick, entre la casera viuda y el inquilino y que acabará, por dignidad de éste último con él en la prisión la que marca un contraste con la inocente del protagonista.


La popularidad de "El Mozart de los Campos Elíseos" como le llamó el gran Giocacchino Rossini se basó en que sus operetas no buscaban más que ser como las hermanas pequeñas de las grandes óperas. Si en la obra de Wagner, en la Tetralogía pronostica que el egoísmo y la ambición humana desembocarán en El crepúsculo de los dioses, en las operetas de Offenbach los propios dioses se divierten mientras bailan sobre los volcanes, en una particular forma de señalar su ocaso.
El testamento definitivo del compositor, Los cuentos de Hoffman, tiene una gestación y publicación cuanto menos curiosas. El libreto de 1851 lo comenzó a trabajar Offenbach en 1877 cuando no estaba en sus mejores momentos: en plena guerra franco-prusiana, los poderosos entre los franceses a los que tanto criticó recordaron su origen alemán, pese a llevar varias décadas en el país. Por otro lado, era una persona llena de achaques. Sintiendo que este sería su gran legado, se dedicó intensamente a la composición, pero falleció en octubre de 1880 con la obra casi terminada y con la instrumentación apenas iniciada. La expectación era tal que Ernest Guiraud la terminó y se estrenó cuatro meses después en el lugar en el que tanto soñó triunfar, La Opéra-Comique.
La ópera cuenta con un prólogo, tres actos y un epílogo. A consecuencia de un incendio en la Ópera de Viena en el año del estreno y otro en La Opéra-Comique en 1887 se perdieron las partituras originales y no se ha sabido con exactitud el orden de las tres historias. En la década de 1890 se conocía de forma fragmentaria y, a partir de 1905, la famosa Barcarola (de la que se trató en el blog en Perspectivas y sensaciones con Offenbach y Savatini) pasa al acto de Antonia. Durante el siglo XX la obra ha alcanzado una gran popularidad, aunque con la representación de distintas versiones debido a la precariedad del material fragmentario disponible. Offenbach, un compositor que hasta que no veía varias representaciones de sus obras no fijaba la versión definitiva, se fue sin dejar la de esta obra. 
O al menos eso parecía. En 1992 se halló el libreto original en el Archivo Nacional de París. Y el año siguiente se encontraron un centenar de páginas con los manuscritos originales en un castillo de La Borgoña, en el que apareció el final original que da la forma definitiva a la obra. El estreno se llevó a cabo en Hamburgo en enero de 1999 con dificultades que se relacionaban con los derechos de publicación.
Tras esta historia que abarca casi un siglo y medio es el momento de volver a la mirada de Hoffmann, esa mirada sencilla e inocente con la que cree encontrar el amor de su vida en la muñeca Olympia.
La versión está interpretada de forma muy particular y con un dominio vocal exquisito por la soprano Natalie Dessay en una producción de Chorégies d'Orange en el Festival de Arte Lírico de julio de 2000.


Los papeles póstumos del Club Pickwick cayeron en mis manos buscando un libro de algún autor conocido a los quince, en el primer año que salía de casa por motivos de estudio. Era la primera ocasión en que tenía en mis manos un libro con un estudio preliminar, un análisis de la obra al que no estaba acostumbrado. Fue una experiencia singular, haciendo que su lectura fuera de las que te marcan la vida. El blog, el usuario de twitter (@Club_Pickwick) y la página de Facebook tienen en parte el nombre, ya que existen otros con el mismo. En el fondo, uno se siente pickwiniano

No sé cuántas veces he leído el libro, en cuántas ocasiones me he sorprendido riendo en voz alta, en cuántos momentos he recordado un personaje o una de historia. La última vez que lo leí, hace ya varios años lo hice consciente de que era la última vez que lo hacía. No sé si será cierto.

Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!